Por José Antonio Varela Vidal*

El mes de enero comenzó con las disculpas públicas del Papa Francisco, debido a su actitud impaciente frente a una peregrina. Un «equivocado gesto», lo llamó.

(Nota del editor: Este texto fue escrito por su autor antes del 12 de febrero de 2020, fecha de la publicación de la Exhortación Apostólica Postsinodal “Querida Amazonia”)

Días después, también Benedicto XVI fue presa de un gesto equivocado, al autorizar tácimente la coautoría de un libro con el cardenal Robert Sarah, que advertía sobre la posible suspensión del celibato sacerdotal por parte del Papa Francisco.

Sin embargo, esta vez el perdón provino del monasterio Mater Ecclesiae. Desde su residencia el obispo emérito de Roma, a través de su secretario personal, solicitó de modo implícito este perdón y pidió que se retire su nombre «como coautor del libro, y que retiren su firma de la introducción y las conclusiones».

Poco antes, el cardenal Sarah -activo como jefe de un dicasterio vaticano-, dijo que, para futuras publicaciones aparecerá solo él como autor, «con la contribución de Benedicto XVI. Sin embargo, el texto completo permanece absolutamente inalterado».

Un libro sorpresa

En su primera versión, el libro abordó el tema en 175 páginas, las cuales contienen un texto del Papa emérito y otro del cardenal, junto a una introducción y una conclusión firmada por ambos.

«El Papa emérito, de hecho, sabía que el cardenal estaba preparando un libro -explicó monseñor Gänswein- y había enviado un breve texto suyo sobre el sacerdocio autorizándole a usarlo como él deseara. Pero no había aprobado ningún proyecto para un libro de doble firma, ni había visto y autorizado la portada. Fue un malentendido».

De este modo, aparte de lo sustancial del libro escrito por dos connotados teológos, el cardenal Sarah se quedó solo en su súplica a Francisco para que «nos proteja (…) vetando cualquier debilitamiento de la ley del celibato sacerdotal, si bien limitado a una u otra región». Avizorando así él «una catástrofe pastoral, una confusión eclesiológica y un oscurecimiento de la comprensión del sacerdocio».

Lo que encendió la polémica fue, qué duda cabe, el pedido de algunos participantes del sínodo amazónico de octubre último, para que se le confiera el sacramento del orden sacerdotal a los diáconos permanentes que tengan un rol activo en sus comunidades, y que demuestren «virtud probada» como esposos, padres, trabajadores, en suma, unos auténticos cristianos.

El Papa de la «catástrofe»

Ante esta terminología alarmista, el jefe de prensa vaticano, Matteo Bruni, recordó que al regreso de Panamá, Francisco afirmó a los periodistas: «Personalmente pienso que el celibato es un don para la Iglesia. No estoy de acuerdo con permitir que el celibato sea opcional».

Sin embargo, el Santo Padre dijo también en aquel viaje: «Sólo quedarían algunas posibilidades en los lugares más remotos –estoy pensando en las Islas del Pacífico-. Cuando hay una necesidad pastoral, allí, el pastor debe pensar en los fieles».

No se sabe aún, y no se sabrá hasta que se publique la exhortación apostólica postsinodal sobre la Amazonía, si el Papa considerará a dicha región despoblada de presbíteros, como aquellos «lugares remotos» con necesidades pastorales.

Aunque sería un buen momento para relanzar la figura de los sacerdotes Fidei donum, a fin de que algunos «dejen sus sillones» como les recordó el Papa Francisco a quienes ven los problemas desde el balcón. De este modo, se reavivaría la ilusión por «salir» y pastorear las comunidades amazónicas que estén sin párroco.

*Periodista

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de febrero de 2020 No.1283