«Y el Rey [Jesucristo] dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis…;  [y] cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también Conmigo dejasteis de hacerlo”» (Mateo 25, 40.45).

Las enfermedades respiratorias agudas representan un problema prioritario de salud a nivel mundial, pues cada año contagian a más de mil millones de personas. Cuando es invierno, enferma hasta al 15% de la población; pero en los grupos cerrados (como en las escuelas y guarderías) el contagio alcanza hasta al 50% de la gente.

Las cinco enfermedades respiratorias agudas más comunes —que pueden ser causadas por un amplio abanico de virus, bacterias y hasta hongos— son las siguientes, en dicho orden: 1) Resfriado común (catarro); 2) Influenza (gripe); 3) Faringitis; 4) Bronquitis, y 5) Neumonía.

En la nación mexicana cada año mueren aproximadamente 56 mil personas  a consecuencia de las enfermedades respiratorias agudas.

Muchas de estas patologías no son por sí mismas mortales, pero sí pueden convertirse en vehículo para la entrada de otras enfermedades que sí lo sean. Por ejemplo, en el caso de la «Influenza (H1N1)pdm09» —más conocida como A H1N1—, no se muere por causa directa del virus, sino porque destruye parte del epitelio respiratorio, favoreciendo así una sobreinfección bacteriana que puede llevar a la neumonía. En cambio, el «virus de Wuhan» directamente llega a causar la neumonía.

Sólo cuando hay estas epidemias muy publicitadas la gente suele tomar precauciones. Sin embargo, el deber cristiano sería el de siempre abordar medidas para no contagiarse de las enfermedades respiratorias o, de estarlo ya, para no contagiar a otros, sabiendo que lo que resulta inocuo para uno, puede ser mortal para otro.

Aquí exponemos algunas medidas de cuidado cuando hay sospecha o confirmación de enfermedad respiratoria:

  1. No des por sentado que serás inmune

En la epidemia de AH1N1 de 2009 era común escuchar: «No me va a pasar nada porque estoy en las manos de Dios». Precisamente por ponerse en las manos de Dios hay que usar los dones que Él nos dio, incluido el conocimiento de cómo se transmiten las enfermedades, así como la inteligencia para frenar los contagios.

Ni siquiera los que se vacunan contra la gripe estacional y la influenza pueden considerarse del todo protegidos, pues las vacunas se elaboran con cepas del año anterior, y como los virus van mutando, la vacuna puede no protegerte de las nuevas cepas. Además puedes enfermarte de otra cosa que no sea un virus.

  1. No abraces ni saludes de mano ni de beso

Si el enfermo hasta tiene la atención de decirte: «No te saludo de beso para no contagiarte», no le respondas con un cortés: «¡Contágiame!» porque sólo ayudarás a diseminar la enfermedad. Puede que tú no te enfermes, pero sí te puedes convertir en portador de los virus o bacterias y llevarle la enfermedad a otros.

En la epidemia de AH1N1 de 2009, la Iglesia católica en México tomó medidas muy positivas para evitar la diseminación del virus; una de ellas fue pedir que en la Misa, durante el rito de la paz, el saludo no se hiciera de mano sino con una leve inclinación corporal.

  1. Quédate en casa

Si ya te enfermaste, acude al médico, pregúntale cuánto tiempo debes reposar en casa y pídele que te expida una nota de incapacidad, a fin de presentarla después en tu trabajo o en la escuela para no diseminar la enfermedad. Y mientras no estés del todo sano, trata de salir lo menos posible de tu hogar para evitar sobrecontagios.

En la epidemia de 2009, la Iglesia recomendó que los enfermos o los que se consideraran vulnerables no asistieran a la Eucaristía.

  1. Considera los lugares de mayor riesgo

Los espacios cerrados, como son los auditorios, los cines, el transporte público, los templos, los salones de clase, las salas de espera de consultorios, clínicas y hospitales, etc., son lugares propicios para transmitir virus y bacterias.

Hay objetos donde los microorganismos patógenos abundan: las manijas de las puertas y del wc, los apagadores de la luz, las llaves del agua, los carritos del supermercado, los celulares, el ratón y el teclado de las computadoras, etc. Después de tocarlos evita llevarte las manos a los ojos, la nariz y la boca (en general no te toques ninguna parte del rostro).

Igualmente evita el contacto con las personas que sabes que están contagiadas de cualquier enfermedad respiratoria. Ante la sospecha, trata de mantener dos metros de distancia entre personas.

  1. Tose y estornuda de manera adecuada

Taparse con una mano al momento de toser o de estornudar garantiza que cada vez que toques cualquier cosa le vas a transmitir el virus o la bacteria de tu enfermedad.

Al toser o estornudar se aconseja usar un pañuelo desechable más o menos  grueso, para minimizar que las gotas de saliva o las mucosidades lo traspasen y ensucien tus manos. Si no tienes un pañuelo a la mano, cúbrete la boca y la nariz metiendo el rostro en el ángulo formado por el brazo y el antebrazo.

  1. Utiliza cubrebocas

Debes usarlo cuando estés enfermo, aunque no te sientas tan mal; lo mismo si te encuentras sano pero estás cerca de algún enfermo; y también si se declara una alerta epidemiológica. Debe cubrirse tanto la boca como la nariz.

Aunque hay opiniones encontradas sobre la efectividad del cubrebocas, hasta la fecha los cirujanos siguen utilizándolos cuando hacen cirugías, y eso ya es un claro  indicio a considerar sobre su importancia.

Un estudio realizado hace una década en Australia en 286 adultos expuestos a niños enfermos de influenza, encontró que incluso los adultos que utilizaron el cubrebocas de manera incorrecta se contagiaron mucho menos que los que no lo usaron, lo que demuestra que durante una epidemia o pandemia es una medida valiosa para reducir el riesgo de contagio.

  1. desinfecta las superficies

Cuando alguien en casa está enfermo de las vías respiratorias, hay que aplicar algún desinfectante sobre las superficies más expuestas, como son mesas, respaldos de las sillas, manijas, pasamanos, apagadores, teclados, etc. Conviene esparcirlos con un atomizador en las habitaciones donde haya entrado el contagiado.

Igualmente conviene portar a todos lados un pequeño recipiente con gel desinfectante y aplicarlo con frecuencia en las manos a lo largo del día; por ejemplo, al bajar del camión o de un taxi, después de dejar el carrito del supermercado, etc.

En caso de una pandemia, se recomienda poner al sol por dos horas los productos adquiridos en cualquier tienda o supermercado, ya que sus rayos podrían destruir algunos virus.

  1. Lávate y sécate las manos de manera correcta

Una de las medidas que más recomienda la Organización Mundial de la Salud para prevenir los contagios es lavarse las manos con mucha frecuencia. En China la gente no tiene la costumbre de lavarse las manos, lo que pudo contribuir a la diseminación del «virus de Wuhan».

Hay que hacerlo antes y después de ir al baño; antes y después de cada comida; antes de cocinar y también durante el proceso cada vez que se tocan frutas o verduras sin lavar, o bien huevos o carne de cualquier tipo aún cruda; cada vez que se toca dinero, y cada vez que se vuelve de la calle a la casa.

Sin embargo, la mayoría de la gente no sabe lavarse y secarse de manera adecuada, por lo que suele salir del baño con los mismos microorganismos con que entró, o incluso con otros más.

TEMA DE LA SEMANA: EL VIRUS DE WUHAN Y LAS NUEVAS EPIDEMIAS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de febrero de 2020 No.1282