En muchas ocasiones buscamos vivir una Cuaresma santa; sin embargo, estamos perdidos sin la brújula de la fe y el amor a Cristo durante los 40 días de preparación cuaresmal, por lo que a veces resulta complejo e incluso complicado. No obstante, el hecho de prepararnos para la Cuaresma no debe resultar caótico sino todo lo contrario, debemos centrar nuestra fe en la preparación de la Pascua, tomados de la mano de la Madre de Jesús, la Virgen María.

Por Mary Velázquez Dorantes

Si preparamos nuestro corazón y nos consagramos en Cuaresma bajo la compañía de María, podremos ir reflexionado el misterio pascual, reconocer la importancia del tiempo de reconciliación, la oración y la penitencia. María es la mejor compañía para poder participar del banquete de la Resurrección una vez vivida la penitencia, el perdón y la humildad de los corazones humanos.

Al vivir la cuaresma tenemos la gran oportunidad que el cristiano está buscando: encontrar el amor en Cristo y para Él, y bajo qué guía podemos sentir nuestra cercanía esta Cuaresma con Cristo, bajo la guía de María quien permaneció atenta y a la escucha de la Buena Nueva. Es por ello que en esta edición te presentamos algunas formas para vivir la Cuaresma de la mano de María.

SILENCIO Y ORACIÓN

El tiempo cuaresmal es un momento de recogimiento de nuestros corazones, es la oportunidad para abrir nuestras vidas al silencio y a la oración. La mejor persona para aprender de la experiencia de Dios a través del silencio y la oración fue María; a través de ella podemos ver la vida con calma y justo ella es quien enseña al cristiano a vivir una vida de fe en silencio, un silencio como el espacio íntimo de Dios, y la Cuaresma es el momento del silencio, de la confianza, de la voluntad puesta en manos de Jesús.

Pero, ¿cómo podemos los cristianos entender el silencio y la oración a través de María? Desde la espera confiada en Dios, la oración del Rosario, la visita al Santísimo, desde la mirada mariana de nuestras oraciones, aprendiendo a reconocernos pequeños como ella misma.

Si pedimos la compañía de María durante los 40 días del tiempo cuaresmal podemos reconocer y explicarnos el misterio de Dios. El silencio y la oración son redentoras, la imagen de la Virgen María es una imagen orante, su actitud nos enseña que la figura humana se conmueve en la oración al Cristo Crucificado y se reaviva en la Resurrección, así que una de las mejores formas para vivir esta Cuaresma es mediante cinco minutos de silencio y oración marianos, espacio de recogimiento para que la Madre de Cristo nos enseñe a meditar sobre el silencio amoroso de Dios con la humanidad.

AYUNAR PARA RENOVARNOS

Aprender a ser constantes, a vivir la renuncia y descubrir la gracia de la penitencia nos ayuda a sentir que la Cuaresma no sólo es un tiempo calendarizado, sino un ejercicio donde aprendemos a ser cristianos renovados cuando apartamos aquello que nos distrae, o nos aleja del Evangelio.

El ayuno suele ser difícil para las nuevas generaciones; sin embargo, si aprendemos del ayuno de María podemos vivirlo y llevarlo a cabo en la humildad. No ayunar por hacer una promesa o un intento, sino ayunar para vivir la experiencia de la caridad.

Actualmente podemos ayunar no sólo de comida, sino de tiempo de ocio, de adquisición de bienes materiales, de distracciones o de circunstancias que nos rodean. Si volvemos nuestro rostro hacia María podemos encontrar una motivación para aprender a ayunar, podemos ver su imagen de ayuno y penitencia como una gracia para dejar el egoísmo atrás, y para ofrecer el sacrificio de la renuencia como una ofrenda a su Hijo.

Aprender del ayuno en silencio, sin contarlo, ayunar enfocados en lo espiritual, ir de a poco aprendiendo a renunciar a ciertos hábitos, o alimentos que nos ayuden a mirar el rostro de la caridad.

FIRMES EN LA FE

No existe nadie más obediente en la fe que la Virgen María. A veces el mundo nos distrae de lo profundo que resulta el tiempo de Cuaresma, porque estamos viendo hacia fuera; sin embargo, en el camino de preparación no podemos alejarnos de la presencia mariana como un modelo de compañía en nuestra fe, como una compañera en las pruebas, como una mujer firme en su sí. Por lo tanto, si te resulta complejo vivir la Cuaresma, súmate a la compañía de María, bajo la obediencia de su ejemplo.

Podemos meditar los Evangelios, orar con los Salmos, acogernos al Corazón Inmaculado de María bajo ejercicios espirituales, buscando la cercanía a Dios a través del arrepentimiento, la compañía hacia quienes viven la soledad, a través de la caridad y la experiencia del compartir, si reflexionamos sobre las lecturas de Cuaresma y además reflexionamos sobre la compañía plena de María, podemos entonces vivir un tiento de acogida, de transformación interior, de la manifestación de Jesús a través del rostro
de su Madre.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de marzo de 2020 No.1285