Por Marcela Palos

La victimización es, sin duda, un potente catalizador de la violencia y las guerras sociales. El ejemplo que mejor expone esta realidad es el del bullying, y se puede fácilmente aplicar en otros contextos.

En Estados Unidos los terribles casos de preparatorias atacadas por estudiantes quienes asesinaron a compañeros y profesores, han sido en su mayoría realizados por jóvenes que durante su niñez fueron víctimas de bullying (bulleados), y la atención recibida por parte de los adultos fue inapropiada, ya que se dedicaron a victimizarlos, a justificar todo lo malo que ahora hacían estos niños por el simple hecho de que habían sido bulleados. Lejos de enseñarles a perdonar la ofensa y a continuar con su vida de forma resiliente, su corazón se fue llenando de odio y de rencor, y su conciencia se deformo al justificar cualquier ataque, incluso sus actos terroristas, por el hecho de haber sido bulleados cuando niños.

Esta situación se ve claramente en la actualidad en el tema de los grupos radicales feministas, grupos LGBT y otras minorías. Toman de bandera la violencia sufrida por muchas mujeres, sin duda un hecho terrible, para posteriormente victimizarse, así como los niños bulleados. Luego usan la lucha contra la violencia como tarjeta de presentación para conseguir adeptos a su causa y aumentar la presión social y política, y también la usan como justificante para violentarse y hacer todo tipo de actos vandálicos y terroristas. Teniendo la fuerza mediática necesaria posicionan el tema que estos grupos tengan en su agenda, en este caso el aborto.

Por otro lado, los grupos políticos ya sea en colusión o aprovechando la coyuntura, pueden fácilmente aludir a que existe una real necesidad por parte de la población y que por ello hacen marchas y destrozos, justificando actos delictivos, aumentando el rencor social, para terminar, accediendo a las peticiones altamente violentas de un grupo minoritario que busca legalizar el aborto, pero que con engaños logró se sumara una gran cantidad de la población. Los diputados y senadores encargados del establecimiento legal de los países, para poder proponer nuevas leyes o cambios a la ley, requieren un soporte social que avale esa nueva ley o cambio propuesto. Esa es la manera en que ellos se «legitimizan», especialmente en temas controversiales y no legítimos, es decir, no respetan la ley natural, como es el caso del aborto. Para legalizarlo se requiere una suficiente presión social que le dé soporte y aval al accionar de diputados y senadores. Este método es aplicado en todos los países. Cuando cotos de poder buscan vehementemente la legalización de algo en particular, generan victimización social, para conseguir adeptos, sus grupos radicales ideológicos lideran, y sus grupos mercenarios harán cualquier tipo de acción que desate violencia o crisis; después, por efecto de pensamiento en masa, otros incautos los seguirán. De esta manera una sociedad puede llegar a legalizar incluso lo más perverso, y de ahí desensibilizar a la sociedad para terminar deshumanizándola por completo.

Evitemos la victimización, seamos sensatos y prudentes. Cuando un grupo social no actúa de manera pacifica y confunde a la sociedad con sus peticiones violentas y que atentan contra la dignidad de la persona humana, alertémonos y propongamos un camino de paz y perdón ante las problemáticas y exigencias reales sin ser ingenuos.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de marzo de 2020 No.1288