Por Mónica Olvera

A raíz de vivir y enseñar por casi 7 años el Modelo Creighton, un Sistema de Reconocimiento y Cuidado de la Fertilidad y la Salud Procreativa, he descubierto, de la mano de la fe, ciertos aspectos que quiero compartir:

  • Sobre la naturaleza: La fascinante sabiduría en todo lo creado que nos enseña que para todo hay un tiempo y una medida.

La sociedad nos ha hecho creer falsamente que podemos sobreexplotar la naturaleza, nuestra misma sexualidad y fecundidad sin consecuencias.

  • Sobre mí misma, de cara a Dios: La alegría de ser hija supeditada al Padre, querida no como medio, sino como fin; elegida para administrar responsablemente el universo; libre para la decisión de amarle; y necesitada de aceptarme íntegramente, tal como soy.
  • Sobre las mujeres: La distinción de ser aptas para albergar un bebé y arroparlo con nuestra ternura femenina; valorar que, si hemos podido tener hijos, es signo de que nuestro organismo trabaja bien.

Y también que debemos sentirnos siempre apoyadas e inspiradas por nuestra Madre María.

  • Sobre los hombres: Que cada uno es padre en potencia, capaz de ofrecer atención, cariño, protección. Que no son un manojo de impulsos incontrolables, sino dueños de sí mismos; libres de decir no a un placer caduco, a cambio de un gozo pleno.
  • Sobre los matrimonios: Que el sacramento es de tres: Dios, protagonista principal, nos llama a reflejar su imagen de Uno y Trino en una misión específica dentro de su Plan de Salvación. Somos partícipes por lo tanto, de un misterio que nos sobrepasa y que hay que ir leyendo con confianza en su amor todopoderoso y providente (Mt 10,29).

Por eso, debemos llevar hasta las últimas consecuencias el sí «prometo recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia», permaneciendo siempre, en cada uno los actos conyugales abiertos a la vida, sin impedir de ninguna forma la fecundación o su desarrollo.

Si se planea evitar el embarazo, hay que recurrir únicamente a los medios lícitos basados en el reconocimiento de la fertilidad, que hoy en día ofrecen una efectividad de hasta el 99.5% y aplican para mujeres en ciclos irregulares, lactancia o premenopausia.

Estos medios no dañan ni alteran la salud; no atentan contra la vida con mecanismos o sustancias químicas. Mantienen la inseparable conexión natural unitiva y procreativa del acto sexual, fomentan la castidad y otras virtudes.

Permiten, además, renovar con el lenguaje del cuerpo los votos de entrega fiel, total y fecunda, dejando en todo momento la puerta abierta al amor auténtico, a la posibilidad de una nueva vida y al Espíritu Santo, sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos conforta (Flp. 4,13).

Publicado originalmente en elarbolmenta.com

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de marzo de 2020 No.1288