Por Rogelio Hernández Murillo

¿Cómo le digo que su hijo ha sido levantado por sicarios? ¿Cómo le digo que su hijo que era un hombre bueno ha sido entregado a las mafias criminales? ¿Cómo le digo que su hijo ha sufrido torturas bestiales? ¿Cómo le digo que los que debía de hacer justicia han sucumbido ante los malvados? ¿Cómo le digo que el pueblo también ha sido comprado por los inicuos y no ha hecho nada por liberarlo? ¿Cómo le digo que su hijo a muerto de la manera más terrible?

En Quebec, Canadá, existe la Basílica de Sainte-Anne-de-Beaupré que es lugar de gran devoción y peregrinación. En una de sus capillas internas tiene una copia de la Piedad de Miguel Ángel (la obra escultórica original se encuentra en la Basílica de san Pedro en la Ciudad del Vaticano) y tal vez sea una de la mejores réplicas de Miguel Ángel.

Cuando uno está cerca de la estatua puede admirar lo que pudo transmitir el gran Miguel Ángel en su obra, hay una real y extraordinaria relación entre el cuerpo sin vida de Cristo y el dolor de su madre, la Virgen María. El Fiat, el “hágase en mí tu palabra” de María al recibir la visita y el anuncio del Arcángel Gabriel sigue vigente en la muerte de Cristo en la cruz. La escultura trasmite ese dolor del hijo que ha muerto, pero al mismo tiempo trasmite el total abandono a la voluntad de Dios. Parece que dice: “Aquí está mi Hijo sin vida”, “Aquí estoy con mi corazón roto de dolor”, “Aquí estoy con mis manos y mi corazón puestas en Dios”.

Una mujer no encontraba consuelo después de que su hijo se había suicidado, no había nada que calmara sus días ni sus noches de angustia y dolor, sus lágrimas no podían tener fin, se acercaba a los sacramentos pero así así no tenía paz en su corazón. Un día en el que lloraba en la Basílica de Sainte-Anne-de-Beaupré, un sacerdote se le acercó y platicó con ella, al saber que no tenía consuelo le pidió que se acercara a rezar un momento ante la Virgen de la Piedad. Ella accedió y se quedó allí viendo a María con Jesús en sus brazos, y sus lágrimas fueron cesando, al final encontró paz en su corazón. Se fue de la Basílica agradeciéndole al sacerdote, le dijo que por fin había encontrado el consuelo en la Virgen María, pues ella también sabía lo que era perder a un hijo.

La Piedad es más que una pieza de arte, muchos han encontrado fuerza y fe para seguir adelante.

https://sanctuairesainteanne.org

https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Pietà_in_Saint_Peter%27s_Basilica