Desconcierto es lo que esta pandemia provocó y sigue provocando. No hay acuerdo sobre los orígenes de la enfermedad, sobre el tratamiento correcto, sobre las medidas preventivas, y mucho menos sobre el por qué Dios ha permitido esta enfermedad.

Las contradicciones

Las afirmaciones y desmentidos por parte de las autoridades políticas y sanitarias han sido el pan de cada día: que si un animal fue la “fuente principal” del brote; que si la epidemia inició a mediados de diciembre en el mercado húmedo de Wuhan, o si en realidad el nuevo virus cobró sus primeras víctimas a mediados de noviembre en gente que nada tuvo que ver con el mercado.

Que si tratar a los contagiados con aspirina, ibuprofeno u otros antiinflamatorios pone en riesgo su vida, o si, como reportaran diversos estudios, como el del King’s College de Londres, tales cosas no agravan a pacientes con coronavirus; o, más aún, como otros médicos estarían reportando, que la aspirina evita que los enfermos se agraven y tengan que ser entubados.

Que las personas sanas se contagian de covid19 por usar cubrebocas; o que más bien toda la gente debe emplear las mascarillas, a imitación de países que la declararon obligatoria para todos y lograron un índice de contagio y de mortalidad menor.

Que si el nuevo virus es un ente natural, o más bien un arma biológica. Que si fue intencionalmente liberado, o se trató de un accidente. Que si la culpa es de China o de Estados Unidos. Que si su función fue dañar a un país en particular, o si estaba destinado a disminuir la población mundial.

¿Y Dios?

Ni en el plano religioso hay consenso. Hay quienes opinan que Dios está como aparte de todo esto, pues esta enfermedad sólo sería un simple accidente de la naturaleza, y que no hay que esperar milagros.

Por el contrario, otros muchos llaman a oración mundial para que Dios acabe la pandemia; pero hasta ahora, a pesar de bendiciones procesiones y rezos, la enfermedad no ha desaparecido.

¿Acaso Dios está indiferente a lo que la humanidad sufre? La respuesta es no. Habrá quien se desilusione de Su aparente silencio. Sin embargo, conocer el modo en que Él actúa permite descubrir que está, por decirlo así, más cerca que nunca.

TEMA DE LA SEMANA: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS EN ESTA PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 26 de abril de 2020 No.1294