Por Jaime Septién

En muchos lugares del mundo, aquí en México, los católicos hemos comprendido que nuestra fe es una luz para iluminar este tiempo de tinieblas. Sería imposible enumerar las mejores prácticas y las más bellas propuestas que han surgido desde la experiencia cristiana y se han vuelto acción solidaria. El mensaje es que nadie debe quedarse fuera.

El sentido de Iglesia es el sentido de comunidad. Hoy más que nunca sabemos que vamos en la misma barca, con la certeza que Jesús va en la popa, y, con perdón de sus cada día más ridículos detractores, el Papa Francisco va como timonel.

En Los Ángeles tuvieron una iniciativa que cristaliza este pensamiento. El 1 de abril a las 7:00 de la tarde, todos los balcones de los católicos que están en resguardo obligatorio se vieron iluminados por la luz de una vela. La idea –me parece hermosa— fue “mostrar la confianza en el Señor” y hacerle saber al personal médico (en España con aplausos, al igual que en Italia) que sabemos de su lucha humanitaria y que son, junto con sacerdotes y capellanes, los que están en nuestro corazón.

Se trata de animarnos unos a otros. No con ese ánimo “optimista” de que “todo va a pasar y la vida seguirá su curso normal”, sino con la seriedad de entender que son días propicios para la conversión de todos, creyentes y no creyentes. Finalmente, como bien decía San Agustín: “Buenos tiempo, malos tiempos… Esto es lo que la gente sigue diciendo. Pero si vivimos bien, los tiempos van a ser buenos. Así como somos nosotros, así serán los tiempos”.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 5 de abril de 2020 No.1291