Por José Ernesto Hernández Rodríguez msp

El año pasado ha sido catalogado como el año más violento en la historia de México. Según datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), entre enero y diciembre de 2019 se registraron 34 mil 582 víctimas de homicidios dolosos en México. Además de los casos de extorsión, de secuestro, de trata de blancas, entre muchos otros delitos tipificados en el Código Penal Federal y leyes complementarias.

En gran medida la sociedad en la que vivimos es un reflejo de la realidad de las familias, que viven sin Dios y en total desorden.

Es un reflejo de lo duro que se ha hecho el corazón del hombre a causa del pecado. Es tiempo de retomar el rumbo de la sociedad empezando por la familia. Es desde la familia donde la sociedad debe reestablecerse. Es tiempo de sanar desde Dios el dolor que la violencia y el desorden social han dejado en los hogares. Todo esto debe hacerse desde la experiencia personal con Dios que nunca se ha alejado de
la humanidad.

Desde la experiencia de la oración en donde se experimenta a Dios, único restaurador de la vida humana.

En la Palabra de Dios encontramos a ese Dios que habla, que escucha y atiende las necesidades de todos los que lo buscan. El salmista regala la experiencia de su oración en la que habla con Dios -de la cual todos deben tomar ejemplo-, en ella le pide lo que más anhela su corazón y a la vez lo escucha, veamos: “Recurran al Señor y su poder, recurran al Señor en todo tiempo” (Salmo 104,4); “El Señor cuida de los hombres honrados y presta oído a sus clamores” (Salmo 34,15); “Señor, no rechaces a este siervo tuyo ¡respóndeme pronto, que estoy en peligro!” (Salmo 69,17); “Mi ayuda vendrá del Señor, creador del cielo y de la tierra. ¡Nunca permitirá que resbales! ¡Nunca se dormirá el que te cuida! No, Él nunca duerme; nunca duerme el que cuida de Israel. El Señor es quien te cuida. El Señor es quien te protege, quien está junto a ti para ayudarte. El Señor no te hará daño de día, ni la luna de noche. El Señor te protege de todo peligro; Él protege tu vida. El Señor te protege en todos tus caminos, ahora y por siempre” (Salmo 121,2- 8).

Aprendiendo de la experiencia del salmista, es necesario que las familias, por ser el núcleo de la sociedad, hagan la experiencia de la oración en familia. La célebre frase de san Juan Pablo II: “familia que reza unida permanece unida” parece más necesaria que nunca. En la oración es en donde las familias pueden retomar el rumbo para restaurar todo aquello que les ha lastimado.

Es en la oración en donde se consolidan las familias fuertes que saben hacer frente a las realidades que viven sus miembros. Las familias que sepan orar serán las familias que salgan a flote ante los ambientes asesinos que imperan, serán las familias fuertes que sepan dar a la sociedad ciudadanos que construyan una sociedad cada vez más justa.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de abril de 2020 No.1293