Por Mons. Sigifredo Noriega Barceló, Obispo de Zacatecas

Hemos iniciado el año 2022 que nuestro buen Dios nos regala, vivimos días de convivencia familiar y de celebración festiva de la fe por el Niño Dios que nos ha nacido, sin embargo, las luces de Navidad se han visto opacadas por los signos de muerte, por la sangre derramada, por la profunda deshumanización de que somos testigos. Los diagnósticos y los proyectos son superados por la cruel realidad.

Cuando creíamos haberlo visto todo sucede algo que nos aterroriza aún más, los signos de barbarie y de muerte son, desde hace tiempo y por desgracia, cosa cotidiana en nuestros pueblos y ciudades de Zacatecas. Son muchas las familias sumidas en la incertidumbre por el hijo desaparecido, por el esposo «levantado», demasiados los lutos y los duelos inconclusos.

Es cierto que en momentos nos dejamos vencer por el desánimo y el pesimismo, sin embargo, hoy más que nunca es necesario avivar la esperanza y trabajar con optimismo y confianza, no es momento de repartir culpas, de nada sirve lamentarse por el pasado si no asumimos con valentía el presente que se nos regala. Es cierto que la paz es tarea de todos, pero no en abstracto, sino desde la realidad y responsabilidad de cada uno.

Gobierno, sociedad civil, instituciones educativas, asociaciones e iglesias, todos y cada uno debemos asumir la responsabilidad que nos toca en pro de una sociedad más justa y pacífica. El Papa Francisco nos ha recordado que el camino para la paz es el diálogo, la educación y el trabajo, se trata, entonces, de una tarea mucho más grande y profunda que sólo la reacción arreada.

Reiteramos nuestro llamado a elevar la mirada al Padre de las Misericordias para implorar el don de la paz, creemos en el poder de la oración que se hace con fe y humildad, al mismo tiempo reafirmamos nuestro compromiso para sumar esfuerzos y contribuir en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Zacatecas, Zac., a 11 de enero de 2022.