Por P. Fernando Pascual

Una calle oscura puede asustar, pero no crea automáticamente un peligro. Internet puede ser fuente de acciones incontroladas, pero no crea a los malhechores del ciberespacio.

Parecen afirmaciones obvias, pero en ocasiones vale la pena recordarlas. Porque una calle oscura no convierte a nadie en ladrón, ni Internet arrastra a algunos (por desgracia, a muchos) a insultar a inocentes.

El delincuente existe antes de la calle oscura, sea porque tiene el mal hábito de robar, sea porque se despierta en su corazón esa idea terrible cuando cree que surge la oportunidad de un robo “fácil”.

Los que promueven agresiones, mentiras, insultos y otro tipo de acciones dañinas no surgen por culpa de Internet, sino que existen antes de que sus dedos se apoyen en el teclado.

Por eso, parece extraño que haya quienes critican a Internet como un lugar dañino, cuando los males existen mucho antes de que se inventen las redes sociales; porque esos males pueden surgir en el corazón de cada ser humano.

Lo que sí ocurre gracias a Internet (no por culpa de Internet) es que la maldad de algunos quede al descubierto y se difunda como un virus dañino a través de millones de pantallas de móviles o de computadoras.

Es importante iluminar las calles, como también es aconsejable no caminar por calles oscuras, para evitar algunos robos o agresiones dañinas. Es importante establecer ciertos controles en Internet, pero sin ahogar la sana libertad de expresión.

Pero es mucho más importante promover una educación al respeto, a la verdad, a la justicia, para que nadie, ni en la calle, ni en Internet, pueda herir el cuerpo o el alma de otros.

Como también es importante ayudar a todos a esa conversión que permite vivir más cerca de Dios, evitar las ocasiones del pecado, reparar el mal cuando lo hayamos cometido, y pedir perdón a quienes herimos de algún modo.

De este modo, las calles oscuras serán más seguras y nos permitirán ver mejor las estrellas. Y el inmenso espacio de Internet se convertirá en un medio para conocernos mejor, intercambiar informaciones e ideas interesantes, y fomentar una mayor cercanía entre los seres humanos.

Imagen de Henryk Niestrój en Pixabay