Por P. Fernando Pascual

La naturaleza puede ser vista de dos maneras. La primera: como enemiga, como fuerza caótica, como algo que puede herirnos en cualquier momento. La segunda: como aliada, como amiga, como compañera de camino en la historia humana.

Quienes ven la naturaleza como hostil, buscan controlarla, buscan evitar sus golpes, buscan promover tecnologías capaces de defendernos ante ella.

Quienes ven la naturaleza como aliada, incluso como algo frágil ante el poder tecnológico moderno, buscan defenderla, buscan convivir con ella en una alianza que beneficie a ambas partes.

Estas dos actitudes ante la naturaleza parecen oponerse, y se encuentran en el pasado y le presente de la historia humana.

A pesar de sus diferencias, las dos actitudes tienen un elemento común: ven a la naturaleza como algo que estaría “delante” el ser humano, como algo diferente respecto de nosotros.

En realidad, nosotros también somos naturaleza. Nacemos, vivimos, respiramos, consumimos, tomamos y devolvemos materia a la tierra, a las plantas, a los animales.

Pero el pasar de los siglos, especialmente en los tiempos más cercanos a nosotros, han mostrado un poder enorme de los humanos que puede dañar a la naturaleza, pero sin controlarla por completo.

Porque, a pesar de los enormes progresos de la tecnología, todavía hay terremotos, huracanes, plagas y virus que son capaces de poner en jaque a quienes se creían casi omnipotentes ante los demás seres del planeta.

La naturaleza conserva fuerzas y acciones que nos asustan también hoy, al mismo tiempo que necesita “ayuda” para conservarse en sus riquezas.

Las dos actitudes mencionadas al inicio pueden madurar y acercarse a una síntesis colaborativa, en la que sea posible conjugar la tutela de los legítimos intereses humanos con la atención al mundo que nos rodea.

De este modo, conseguiremos que la etapa de existencia humana que ahora recorremos sea bella y equilibrada, mientras seguimos en camino hacia el encuentro eterno con el Dios que nos puso en esta Tierra y nos espera en un encuentro eterno en el cielo…

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