Moisés Rico, mejor conocido como Moy, es un joven queretano de 29 años; es fotógrafo y editor de video, está al frente de un grupo juvenil; le gusta realizar labor social y entretener a las personas con su música, pero considera que lo más importante es ser un joven católico llamado, como todos, a vivir la santidad en medio de los obstáculos y las alegrías

Por Rubicela Muñiz

Moy, cualquiera que te vea, no pensaría que eres un joven muy activo en tu comunidad parroquial. ¿Siempre te ha gustado estar cerca de la Iglesia?

▶ Cuando tenía aproximadamente 10 años estaba en el coro Shelahani junto con mis hermanos mayores, y en ese mismo coro estaban mis amigos que en un futuro integraríamos (el coro) Kelaía. Pero no fue hasta que formé parte de Apostolado Juvenil (AJ), a mis 18 años, que tuve ese encuentro con Jesús y empezó una gran aventura llena de retos, en la que llegué a ser parte de la mesa directiva de AJ, encargado de servicio y coordinador de la pastoral juvenil en el decanato de Nuestra Señora del Pueblito.

¿Cómo fue ese encuentro con Jesús?

▶ Fue durante semana santa del 2010 cuando participé en la Pascua Juvenil de AJ Querétaro. Vivimos la Semana Santa de una manera muy particular, aprendíamos cada día lo que vivió Jesús, profundizando en cada aspecto, pero de joven a joven. Quien daba los temas era un joven como yo, al igual quien preparaba los alimentos y hacia la limpieza de las instalaciones donde vivimos durante cuatro días.

Conforme fui formándome dentro del grupo juvenil, venían más responsabilidades, y claro que muchas veces me caí, pero mis amigos me levantaron porque nuestro objetivo siempre ha sido muy claro: “difundir el Reino de Dios en la tierra”.

Eres un joven que rompe los estandares, ¿cómo llevas eso de parecer un “chico rudo” y al mismo tiempo tener la camiseta de católico bien puesta?

▶ Es complicado, porque debemos ser congruentes y más cuando diriges un grupo juvenil; debemos ser ejemplo para los demás. Estuve leyendo la postura de la Iglesia en algunos temas como los tatuajes, perforaciones. Escuchando sacerdotes, religiosas, artículos en internet y las Sagradas Escrituras. Pero el verdadero reto es ir contracorriente en un mundo donde creer en Dios puede ser motivo de burlas, un mundo donde podría haber callado mi fe, pero nunca lo hice.

Estoy orgulloso y en alguna ocasión mi amigo “Huesos” me dijo: eres muy afortunado porque tienes algo que los demás no tienen, el “creer”. Cuantas personas van por la vida sin creencias y en los momentos más difíciles no tienen en donde refugiarse. Por otro lado, están las personas que son muy conservadoras y que piensan que un católico no debe verse así. Las personas que me vieron crecer en mi parroquia fueron mi respaldo, ellos ven los actos, los valores, las apariencias no son las importantes. Afortunadamente cada uno de los sacerdotes con los que he trabajado me han tratado con respeto, se han dado la oportunidad de conocerme y siempre han apoyado las actividades que realizamos dentro de AJ.

Como todos los católicos, estás llamado a la santidad, ¿Cuál es el camino a seguir?

▶ Dios tiene maneras muy misteriosas de trabajar. Cuando escuchas cómo fueron las vidas de los santos, te pones a pensar que ellos eran personas normales, pero Dios se presentó en sus vidas para un cambio y los puso a ser ejemplo con sus acciones. Para mí, Dios habla a través de mi mamá; por ella me entero de que una familia no está comiendo, que un niño va descalzo a su escuela, que un niño nunca ha tenido un cepillo de dientes, que no conocen lo que es un hotdog, que su casa es de cartón y en época de lluvia se puede caer; Dios usa a mi mamá, a mis conocidos, a todos nosotros para llevar esa ayuda a esas familias.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 3 de mayo de 2020. No. 1295