La obediencia y la oración presentes en la vida contemplativa

Por Rubicela Muñiz

En el número pasado (1294) presentamos la situación de los monasterios españoles que, a causa de la pandemia, han disminuido sus recursos, y cómo un grupo de jóvenes empresarios lanzaron una campaña para apoyarlos. Quisimos conocer cómo está la situación en México, y la hermana Rosa María Mora Correa, agustina recoleta, nos compartió lo siguiente:

La realidad

Nosotras, agustinas recoletas, como monjas de vida contemplativa, hemos estado viviendo este tiempo especial del Covid-19 desde dos realidades: de encierro voluntario por amor a Dios y no siendo indiferentes ante la situación de emergencia que ha estado afectado al mundo; y la otra realidad, a nivel humano, es que hemos tratado de tener en cuenta, con seriedad y responsabilidad, las advertencias y precauciones que se nos han estado dando para hacer frente a la situación sin peligro de contagio”.

La situación según el escenario

La realidad de cada comunidad ante esta situación de pandemia se vive de una manera muy distinta, porque no es lo mismo vivir en una zona rural que en una urbana donde la circunstancias son más trágicas y donde se corre más peligro de contraer el virus. Al principio, cuando nos llegaron las primeras noticias sobre este escenario, todo fue incredulidad y desconfianza. Ahora nuestra manera de pensar y de actuar ha cambiado, pues vemos que esto es una realidad y que está afectando de una manera drástica a todos los sectores: familiar, social, económico, eclesial y espiritual.

Nuestro testimonio más eficaz es, como nos lo decía el cardenal Joao Braz de Aviz en una carta dirigida a los consagrados y consagradas en primer lugar, la obediencia serena y convencida a lo que nos piden los que nos gobiernan, tanto a nivel estatal como eclesial, a todo lo que se dispone para la salvaguardia de nuestra salud.

Los cambios

Nuestra vida comunitaria no ha cambiado mucho en lo que se refiere a su diario vivir. Nuestras actividades son las mismas, aunque teniendo un poco más de espacio para nuestra formación personal y teniendo como herramientas audios o videoconferencias.

En lo que nos ha afectado es en nuestra atención espiritual, pues en nuestras comunidades no tenemos la celebración eucarística; en tal caso algunas sí la seguimos por los medios digitales y otras celebramos la Liturgia de la Palabra. El trabajo manual para nuestra manutención ha bajado, ya que la mayoría de nuestros monasterios nos dedicamos a la elaboración de la repostería y a la producción de hostias, pero confiamos en la bondad de Dios que no nos faltará lo necesario para sobrevivir en esta tragedia.

Lo que está presente

Tenemos muy presentes las palabras del cardenal Ouellet, Prefecto de la Congregación, que dirigió en una preciosa carta a las Clarisas de Asís: Esta “es la hora de la vida contemplativa”, afirma el cardenal; a pesar del heroísmo de los médicos y de los trabajadores de la salud, “muchas familias sufren la enfermedad y la muerte de sus seres queridos en soledad”. Las contemplativas están “al lado de la cama” de los enfermos. La presencia de los religiosos, tan “discreta y difundida”, es -subraya- “un bálsamo de ternura y paz sobre las heridas” de la humanidad.

Agustinas recoletas

» 19 monasterios: 14 ubicados en diferentes estados de la República Mexicana, 5 en el extranjero.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 3 de mayo de 2020. No. 1295