Alejandra Lázaro, la enfermera y cantante católica que combina ambas profesiones para sanar y dar esperanza.

Por Rubicela Muñiz

Alejandra Lázaro es originaria del municipio de Cadereyta de Montes, Querétaro. Nació en el seno de una familia católica que, cuando ella era una niña, no practicaba la fe. Sin embargo, Dios los fue llamando poco a poco a través de los Apóstoles Misioneros de la Palabra. En su adolescencia vivió una experiencia misionera de tiempo completo en la que se comprometió a servir.

En sus actividades de evangelización siempre estuvo presente la música, pero profesionalmente comenzó en el 2015 con la grabación de su álbum “Dame valor”, bajo la producción de uno de sus hermanos.

“Desde que yo empecé a servir en la Iglesia hemos metido la música en la animación. La música dentro de la evangelización juega un papel muy importante para poder dar un mensaje, para poder dar una enseñanza. Mis mensajes son de ánimo, de esperanza, motivan a ir al encuentro de Dios, tienen plasmada la identidad de nuestra doctrina, de nuestra Iglesia”.

El álbum completo salió en físico en el 2015 a través de ediciones Apóstoles de la Palabra, pero hace apenas unas semanas se subió a distintas plataformas digitales, con una versión remasterizada, gracias a la petición de la gente.

“En este álbum me ayudó mi hermano que es músico y compositor. Gracias a su apoyo pudimos preparar este material que es muy variado, muy versátil. Podemos encontrar balada, pop rock, norteño, cumbia y hasta música de banda, géneros que yo no había experimentado. Lo hicimos así para presentar un disco variado y llegar a diferentes gustos”.

El tema principal, “Dame valor”, que también lleva el título del disco, es de la autoría de Alejandra; tiene cuatro temas inéditos y el resto es de otros cantantes católicos que ya se habían grabado y a los que les pusieron nuevas versiones.

A la par de esta misión, Ale es enfermera de profesión y ahí también ha tenido la oportunidad de brindar un poco de consuelo con su canto.

“Es una forma de hacer terapia. La música toca sentimientos. Entonces, de acuerdo con la experiencia, trato de animarlos cantando algo que les transmita esperanza. Me ha tocado estar con recién nacidos delicados, que se debaten entre la vida y la muerte; me gusta cantarles algo. Es gratificante cuando alguno de estos pacientes te dice: ‘gracias por escucharme, gracias por lo que me acabas de enseñar, gracias por lo que me has compartido’”.

Alejandra se consagró al Señor en aquella primera experiencia de misión, lo que le ha permitido evangelizar desde cualquier escenario.

“Yo me consagré al Señor y le dije: ‘Señor, a mí me gusta la música, me gusta cantar y quiero ofrecerte este don que me has dado’. Le dije: ‘quiero cantar para Ti’. Y ha hecho que las cosas se vayan dando. Ha habido momentos en los que yo me he sentido en ese riesgo de cambiar de dirección, pero el Señor me ha preservado para servirle. En mis plegarias pido: ‘llévame a donde tú quieras; si mi voz es útil, dispón de ella’”.

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Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 31 de mayo de 2020. No. 1299