Por Raúl Espinoza Aguilera

León Tolstói nació en la hacienda agrícola de su padre, Yásnaia Poliana, en 1828 y falleció en 1910. Estudió Derecho en la Universidad de Kazán (Rusia), pero la condición de estudiante le parecía una ocupación muy aburrida y teórica. Lo que realmente deseaba era tener emociones fuertes para poder darle curso a su vocación literaria. Así que pronto participa en la Guerra de Crimea y en 1855 publica “Relatos de Sebastopol”. Con esta conflagración abandona su visión romántica de las guerras. Comprueba en carne propia los horrores, la deshumanización, el caos, los baños de sangre y observa a cientos de cuerpos despedazados. Denuncia cómo los altos mandos se mantienen alejados del frente de batalla mientras que el resto de los soldados se convierten en “carne de cañón”.

Con la invasión de Napoleón Bonaparte a Rusia, en 1812, Tolstói consideró que tenía una estupenda ocasión de escribir no sólo una novela sino un lienzo multicolor de la sociedad de su tiempo, a la que tituló “La Guerra y La Paz” (1869). Esta magistral novela le llevó 6 años en redactarla. Sus recuerdos y experiencias de la Guerra de Crimea le sirven para que el lector se sienta envuelto en ese ambiente bélico con impresionante realismo.

En 1877 publicó “Anna Karénina” en la que presenta un torbellino de pasiones, de arrepentimientos, de sufrimiento moral de Anna -personaje central de la novela-, quien racionalmente se percata de que hace mal por su infidelidad conyugal, pero no puede contenerse ante ese impulso ciego e impetuoso de la pasión. Al final sufre el abandono de su amante; advierte que ha destruido su matrimonio, su familia, que ha hecho daño a sus hijos; se enfría el trato con sus amistades y, en un arranque de desesperación, se suicida arrojándose ante el paso del tren.

Por otro lado, ¿cómo era el pensamiento de Tolstói? En su juventud llevó una vida licenciosa, pero después cambió de conducta. En 1863 se casó con Sofía y tuvo una familia numerosa. Escribió un “Diario” en el que nos muestra su metamorfosis ideológica.

Al final de sus días se volvió pacifista, anarquista, vegetariano, un devoto cristiano ortodoxo, pero cayó en el maniqueísmo en el que –según él– todo estaba contaminado por el mal y la perdición, y proponía a las personas un camino de ascetismo y purificación. Acabó convirtiéndose en una especie de gurú. Su postura sobre “la resistencia pacífica” y “la no violencia” influyeron en forma determinante en Mahatma Gandhi, en Martin Luther King y en muchos otros pensadores, particularmente con su obra “El Reino de Dios está en vosotros” (1894). Su obra literaria, en conjunto, se considera como una introspección en el alma humana. Se interesó mucho sobre cómo ayudar a los pobres y marginados. Afirmaba que las virtudes fundamentales en toda persona son la sencillez, la bondad y la verdad y sostenía que la fe es la fuerza de la vida.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 14 de junio de 2020. No. 1301