Por Tomás de Híjar Ornelas

-Los intelectuales orgánicos están batallando con AMLO.
-Vaya que sí. Si se descuidan se van a volver inorgánicos.
Tuit pillado por ahí…

Cuando, al inicio de la novela Pedro Páramo, el narrador Juan Preciado pregunta a su guía, el arriero Abundio Martínez, por el cacique y padre biológico de ambos, recibe como respuesta la frase “Un rencor vivo”,

a partir de la cual Juan Rulfo (que concibió su obra a la edad de 22 años, en 1940) borda su síntesis personal de lo acaecido en México luego de la Revolución Mexicana, situándose por ello al margen de las prebendas que tuvieron ante sí, al calor del nacionalismo que engulló el espíritu que quiso para él su creador, José Vasconcelos, entre 1921 y 24, los intelectuales ‘orgánicos’ de ayer y hoy.

Que el reconocimiento universal del breve pero irremplazable legado literario rulfiano no se deba al padrinazgo institucional, lo traemos a colación a propósito de una de las victorias más dudosas del sistema político mexicano que parece haber tocado fondo: la aniquilación de la fuente del pensamiento crítico, convirtiendo a los intelectuales, investigadores y académicos en una casta voraz en pos de prebendas y alentando, por otro lado, a la caterva de “adictos a hacer ‘business’ con Papá Gobierno” y a “la de los ‘intelectuales-empresarios’, cuyo cliente principal es el sector público”, del que sacan “contratos por dedazo, asesorías, prestaciones, reparto obsequioso de cargos diplomáticos, becas…”.

Todo lo entrecomillado, que asume este columnista, me lo acaba de compartir Juan José Doñán, y hasta con ejemplos: “la serie Biografías del Poder, de Enrique Krauze, pagadas a precio de oro […], los Libros de Textos Gratuitos de Historia que el gobierno de Salinas de Gortari le asignó a Héctor Aguilar Camín y el Grupo Nexos […], etcétera.

Y es que no es posible sostener y perpetuar la corrupción social sin echar mano de estrategias como la que en otro contexto pero idénticas raíces, cuenta Daniel Múñez, militante que fue de una asociación religiosa mexicana cuyo líder está recluido en una cárcel de EU hace un año exactamente, se le impuso: “[S]iempre se nos enseñó a odiar a los apóstatas con perfecto odio”.

Aquello y esto no pasan de ser una “fe construida a nuestra imagen”, respecto de la cual el Papa Francisco nos pide a los católicos, incluso ahora, metidos en el pozo de la cuarentena del coronavirus, que sin esquivar los embates del mundo, que “nos ve de derechas y de izquierdas, de esta o de aquella ideología”, “conservadores y progresistas”, hemos de no dejar de conducirnos como lo que somos, hijos de Dios: “no somos confeti llevado por el viento, sino teselas irremplazables de su mosaico”.

Para ello es menester que hagamos de la vida un don: “nacimos de un don y crecemos dándonos; no preservándonos, sino entregándonos sin reservas”, dice, que es lo opuesto a ser “un rencor vivo”, añadimos nosotros.

Nada de lo anterior será posible, concluye el Obispo de Roma, si antes no se extirpa de uno mismo a los tres enemigos del don, “siempre agazapados en la puerta del corazón: el narcisismo, el victimismo y el pesimismo”.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 7 de junio de 2020. No. 1300