Por Jaime Septién

El economista católico E.F. (“Fritz”) Schumacher escribió, hacia 1973, uno de los cien libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX: Lo pequeño es hermoso: un estudio de la economía como si la gente importara. En el título lleva la ironía: nos han hecho creer dos cosas: que lo bueno es lo grandote y que el tener es más importante que el ser. Los sistemas económicos ponen el valor de las divisas por encima del valor de la persona. Y la publicidad nos lo recalca todos los días.

¡Cuánto necesitamos hoy, para salir con soluciones prácticas de la pandemia, del confinamiento, de la crisis económica y sanitaria que ha producido en todo el planeta, leer este libro, enseñarlo en las escuelas y universidades católicas, tenerlo a la mano antes de seguir confiando ciegamente en la tecnología, en la ciencia y en la riqueza que (supuestamente) producen!

“En todas partes, la gente pregunta: ‘Qué es lo que puedo hacer?’ La respuesta es tan simple como desconcertante: nosotros, cada uno de nosotros, podemos trabajar para poner en orden nuestra casa. La orientación que necesitamos para este trabajo no puede encontrarse en la ciencia ni en la tecnología, cuyo valor depende en última instancia de los fines a los que sirven, pero puede todavía hallarse en la sabiduría tradicional de la humanidad”.

Así concluye Schumacher su libro. Un extenso estudio que sigue vigente después de casi cincuenta años. Y que nos muestra, con todo el rigor, que la manera más humana y cristiana de vivir en sociedad es sabiendo cada uno distinguir cuándo suficiente es suficiente. “Poner en orden nuestra casa” supone orientar nuestra existencia a lo esencial. Lo superfluo hay que irlo quitando hasta que quede lo necesario, como el gran Miguel Ángel decía de las esculturas que hacía: se toma un trozo de mármol y se le va rebajando lo que le sobra hasta que quede el Moisés o La Piedad….

La noción de acumular y acumular es contraria a este pensamiento. Me lo digo a mí mismo. Porque es el camino que debo seguir para encontrarme con Jesús.