Por Sergio Ibarra

El inolvidable Gabriel García Márquez publicó en 1985, tres años después de recibir el premio Nobel de Literatura, una de las novelas de mayor riqueza temática, estructural y narrativa: El amor en los tiempos del cólera. Una historia de amor, de pasión, de romance, de dolor, de espera y, como lo comprendió bien, de muerte.

Los desafíos ante esta nueva realidad demandan lo que García Márquez nos dejó en esta novela, donde puso además a prueba el premio recibido. Me refiero a un amor entrañable y en un contexto en donde el cólera, como hoy el covid-19, arrebató la vida de miles de personas.

La pandemia obligó a las iglesias a cerrar sus puertas físicas, a suspender actividades. Quedan las memorias gráficas del Vaticano y del propio Papa Francisco durante las celebraciones de la Semana Santa, sin lo más importante, los fieles, que siempre acompañan estas celebraciones esenciales de la nuestra religión.

La sobrevivencia hoy, al igual que en esa maravillosa historia, tiene que ver con quien se adapte. La teoría de Darwin lo explica. A lo largo de la historia han sucedido pasajes como el actual y peores; quien se adaptó es el que buscó nuevas soluciones, como el personaje del Gabo que coloca una bandera amarilla en el barco para salvar el honor de su amada.

Generar nuevas soluciones requiere ser curiosos, cuestionar las ideas con las que hoy hemos logrado lo que hemos logrado. ¿Serán las mismas en un entorno social, económico, tecnológico y ético en turbulencia? Es innegable que vivimos tiempos de ambigüedad, que significa múltiples interpretaciones de la nueva realidad. ¿Cómo saber qué hacer ante la volatilidad y la incertidumbre para mantener los empleos?

Se podrán haber cerrado las puertas físicas, pero no las de nuestros corazones. Causas que viven literalmente de la misericordia de miles de católicos en México y en el mundo, hoy están padeciendo la disminución de sus ingresos, poniendo en riesgo su misión de ver por los demás y que dependen del éxito de quienes generan riqueza. ¿Cuáles son las nuevas formas de hacer las cosas que hay que explorar y que ya están apareciendo?

El gran eje que nos guía siempre, pero hoy más que nunca, es la fe. Por difícil que se ponga, no desfallezcamos y exploremos nuevos caminos. Si sobrevivimos al cólera, sobreviviremos al covid-19.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 5 de julio de 2020. No. 1304