Por Jaime Septién

Vuelvo a leer Variaciones sobre tema mexicano, del poeta Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – CDMX, 1963). Había salido de España en la Guerra Civil. De ahí pasó a Gran Bretaña y luego a México. Las primeras impresiones del país que lo acogía son de enorme profundidad. Y le abren recuerdos de infancia. Especialmente, la fe popular:

“Años, largos años en tierras puritanas, de la fe tan absoluta ante sus símbolos, de la cual, ni el gesto de confianza temerosa con que les ves tocando el cristal protegiendo una reliquia, y replegar luego la mano contra el cuerpo para comunicarle así una virtud, ni lo perdido en la mirada en la adoración, parecen ser indicio suficiente. Mas ahí está, viva en esos cuerpos, la obra más duradera de tu raza, entre éstos que tan de la tuya se parecen”.

Confesión admirable de un español exiliado, muy lejano a la fe de sus ancestros, que encuentra en el pueblo de México lo que muchos mexicanos se niegan a encontrar y, mucho menos, a considerarlo como un tesoro: la fe católica transmitida por los misioneros españoles que pervive a lo largo de los años en la vida misma del pueblo.

Ese fuego no se apaga. Y es el fuego que nos podrá abrir brecha, si lo asumimos, hacia una mejor “normalidad”. Una “normalidad” cargada de pasado. Los buenos, viejos valores, son los que alivian. No la técnica, el dinero ni los políticos.

Si algo puede salvar a México es la fe asumida y vuelta cultura, es decir, la fe como una forma de vida. Como la de esa persona que mira –maravillado– Cernuda: alguien que recupera casi cinco siglos de su identidad; alguien que sabe que los santos, la Virgen, son intercesores ante el Corazón de Jesús para que les provea de lo necesario. No de lo superfluo ni de lo lujoso. La fe que es misericordia, que es esperanza y, sobre todo, que es el amor al prójimo más próximo.

¡Cómo hemos olvidado nuestra riqueza! ¡Cuánto hemos dejado a los políticos hacer y deshacer! ¡De qué forma tan espantosa ignoramos el legado de Santa María de Guadalupe! El mexicano mira a otro lado para agradecer y esperar. El T-MEC no sacará a nadie de la pobreza espiritual que hoy aqueja a la Patria. Eso es seguro.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 5 de julio de 2020. No. 1304