Por Tomás De Híjar Ornelas

“Por expertos en pobreza no me refiero a los sociólogos, sino a los pobres” G. K. Chesterton

La gran mayoría de los mexicanos formalmente católicos nos merecemos un reproche bien ganado y en consecuencia sufrimos el vicio que le sigue: dentro y fuera de los ámbitos institucionales somos incapaces de expresarnos como tales desde el pensamiento crítico, y a cambio de ello, quienes sí se ostentan y hasta muestran orgullo de ser católicos no saben esquivar la autorreferencialidad, es decir, la “actitud de quienes analizan todo en función de sus gustos, necesidades y experiencias, sin admitir otros planteamientos que pudieran poner en crisis sus esquemas mentales” (Ignacio Valduérteles).

Una muy honrosa excepción a esta regla lo es el intelectual regiomontano Gabriel Zaid (1934), al que el conocimiento y la erudición le ha servido para alcanzar tres notas: sabiduría, hombría de bien y virtud.

Gracias a la primera, ha escrito y lo sigue haciendo con propiedad y hondura en torno a los más diversos tópicos, en especial el ensayo y la poesía; a lo segundo, mantenerse libre y al margen de los beneficios del clientelismo corporativo del sistema político mexicano de ayer y de hoy. A lo tercero –su fe en Cristo, en la resurrección y en la vida eterna y también en la Iglesia–, congruencia.

Católico de periferia, es decir, no como escritor confesional, pero siempre aderezando su obra con los criterios del Evangelio, podemos verlo como un modelo de hombre libre, y que su nombre figure en el manifiesto “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”, publicado apenas el 15 de julio del 2020, que sus arrestos no merecen la andanada de reproches que por igual les dedicó el remitente, el Primer Magistrado del país, Andrés Manuel López Obrador, para el cual, el manifiesto sólo le provocó “pena ajena” hacia “defensores del modelo [económico] neoliberal o neoporfirista” y restauradores del “antiguo régimen”.

Y bien, quien no tiene necesidad de poner una pica en Flandes, se tomó la molestia de responder contra su costumbre de discreción absoluta, al Presidente, sin soflamería, sólo con datos duros, en una columna cuyo título, “Sexenio retro”, (Reforma, 25.07,2020), pudiera replicarse en estos términos: “El neoporfirista lo será usted, señor Presidente”, con su “nostalgia histórica profunda” y su afán malsano por restaurar el “presidencialismo magno, magnánimo, magnífico”, que a despecho de la participación democrática aniquiló entre nosotros la dictadura porfirista con mano dura, y que ahora se disfraza bajo el estandarte de “superar la división de poderes y volver a la Unidad Nacional”, siempre y cuando todos los poderes se subordinen a uno, al del señor Presidente.

Ante un intelectual como Gabriel Zaid, católico pensante gracia a y no a pesar de, uno se pregunta que provocó el fracaso absoluto de la “educación católica” entre nosotros, específicamente en los incontables profesionistas egresados de universidades de muy costosa colegiatura pero de “inspiración cristiana”, las pinceladas de Evangelio que pudieron recibir allí, y cómo se le debe revertir. Creemos que sólo alentando el pensamiento crítico desde la cabeza a la base.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 26 de julio de 2020. No. 1308