Por P. Fernando Pascual

La Biblia narra las acciones de Dios a favor de los hombres. Junto a la Biblia, hay otro libro que Dios escribe cada día con otras muchas acciones benéficas.

Es una idea que podemos encontrar en el libro atribuido al padre Jean-Pierre de Caussade, “El abandono en la Divina Providencia”.

En el capítulo XI explica que hay un evangelio escrito por el Espíritu Santo en los corazones, un evangelio vivo y personal. Entre otras ideas, podemos leer lo siguiente:

“Todas las acciones y momentos de los santos son evangelio del Espíritu Santo, en el que las almas son el papel, y sus sufrimientos y acciones son la tinta. El Espíritu Santo, por la pluma de su acción, escribe un evangelio vivo, que solamente podrá ser leído en el día de la gloria, cuando, después de salir de la prensa de esta vida, será publicado”.

En el pequeño “papel” de mi alma, ¿qué está escribiendo ahora el Espíritu Santo? ¿Qué me dice Dios? ¿Qué hace? Quizá no entiendo lo que pasa, pero un día, tras la muerte, comprenderé el sentido completo de lo que ocurría.

Nos cuesta vivir así, en la oscuridad, como dice “El abandono en la Divina Providencia”. Pero, si tenemos fe, confiaremos en la acción de Dios y dejaremos nuestra historia personal en sus manos amorosas.

El resultado de quien “se deja escribir” es maravilloso, estupendo, único, personal. El texto que estamos citando lo dice con estas palabras:

“¡Qué bellísima historia! ¡Qué libro tan hermoso escribe el Espíritu Santo en el presente! Almas santas, es un libro que está en prensa todavía, pero no hay día en que no se vayan componiendo las letras, aplicando la tinta, imprimiendo las hojas”.

Este día, entre lo normal y lo novedoso, en medio de penas y de alegrías, Dios toma el papel de mi corazón y escribe.

Como hijo confiado, pido a mi Padre Dios que su Espíritu plasme en mí esas letras del pequeño evangelio personal. Así mi historia personal se unirá al gran Evangelio de Cristo, a la vida de quien vino al mundo para enseñarnos el maravilloso camino del Amor.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 26 de julio de 2020. No. 1308