Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética 2 de agosto de 2020

Los bienes los ha hecho Dios y los regaló a los hombres. El dinero lo ha hecho el hombre para comprar y vender. La felicidad depende de la caridad al compartir.Veamos algunos consejos y orientaciones en las lecturas de hoy.

  • Isaías

Nos aconseja que empleemos el sueldo y el dinero en lo que alimenta de verdad: “¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?”.

Dios responde: “Inclinad vuestro oído, venid a mí, escuchadme atentos y comeréis bien”.

La liturgia de este domingo, precisamente, nos va a hablar de la eficacia de escuchar la Palabra de Dios. En Dios mismo encontraremos el alimento sano y bueno.

  • Salmo responsorial

Nos muestra a todas las criaturas esperando de las manos de Dios el pan del día porque “Él es cariñoso con todas sus criaturas”. Por eso: “Los ojos de todos están aguardando. Tú les das la comida a su tiempo”. Finalmente el salmo nos invita a meditar cómo “Dios está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”. De las ideas de este salmo brota, sin duda, la costumbre de bendecir los alimentos antes de comer y dar gracias después de alimentarnos.

  • San Pablo

Acerquémonos al Señor y confiemos en la fuerza de su bondad. Para el apóstol su tesoro personal es Dios mismo y se siente seguro de que nadie se lo podrá quitar. Es Dios mismo quien nos amarra con su amor. Por cierto que tiene mucho mérito esta afirmación del apóstol quien, después de haber soportado tantas pruebas al evangelizar, siempre se quedó con Dios en los brazos y por eso llegó a afirmar: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre?…”. Es decir, todo aquello que suele aparecer a lo largo de la vida. Pero si realmente vivimos en el amor de Dios será fácil vencer, no por nosotros, sino “por el amor (y la ternura) que Dios nos ha manifestado”, a través de Jesucristo.

  • Verso aleluyático

Hay que comer, sí. Busquemos con valentía para nosotros y los nuestros y para poder compartir los alimentos necesarios. Pero tengamos presente que el mejor alimento debe ser siempre “toda palabra que sale de la boca de Dios”.

  • Evangelio

Jesús se entera de que Herodes ha martirizado a Juan Bautista y “se marcha de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado”. Cuando desembarca se encuentra el Señor con mucha gente que lleva sus enfermos. Su corazón apostólico siente pena, sana a los enfermos y evangeliza. Los apóstoles se acercan a Él interrumpiéndole. Así es la lógica humana: “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. La lógica divina es distinta: “Denles ustedes de comer”. Le presentan cinco panes y dos peces. La bendición de Jesús a los panes y peces nos trae el recuerdo de la eucaristía en la que se multiplica Cristo mismo que es el pan de vida: “Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”.

Comieron y recogieron doce cestos de sobras: Eran “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.

Un hermoso día para un apóstol inquieto como Jesús que alimenta a su pueblo con la Palabra de vida y con el pan y pescado.