Para transmitir la fe de manera exitosa no existen fórmulas únicas; cada persona es distinta y, dependiendo de su edad y sus cualidades, le servirán más ciertos métodos y experiencias religiosas, mientras que otros le pueden resultar hasta intolerables.

Piénsese, por ejemplo, en el Movimiento de la Renovación Carismática u otros con algunas similitudes, que han sido el camino para el encuentro personal con Cristo y la conversión radical y permanente de millones de católicos en el mundo.

Otras personas llegan a la fe firme y profunda gracias a prácticas más ligadas a la piedad popular, sostenidas hermosamente por movimientos como la Legión de María o la Adoración Nocturna. Y hay quienes adquieren o consolidan su fe católica por otros muchos caminos, porque Dios no tiene límites.

Ciertamente el hogar suele ser el primer lugar por el cual se adquiere el primer conocimiento relativo al catolicismo, pero un buen trabajo evangelizador por parte de los padres de familia puede hacer que sus hijos no sólo sigan una religión “por costumbre” sino que efectivamente tengan un encuentro personal con Jesús y sus vidas se vuelvan capaces de dar testimonio en toda circunstancia y de transmitir su fe a otros.

Y, para entender cómo lograr esto, conocedores en el tema de la evangelización señalan algunos lineamientos generales.

Lo que no se debe hacer

El estadounidense Christian Smith, converso del protestantismo al catolicismo, experto en sociología de la religión y en religiosidad infantil, adolescente y juvenil, señala cinco cosas que no funcionan para pasar la fe a los hijos:

Padres demasiado pasivos. No se esfuerzan o se esfuerzan poco en transmitir la fe.

Hay padres de familia que llevan de vez en cuando a sus hijos a Misa pero sin enseñarles nada, de manera que los niños, así tengan entre 6 y 9 años, ni siquiera saben persignarse, nunca se arrodillan ni ponen la más pequeña atención.

Padres demasiado autoritarios. “Deben ser padres proactivos, pero no abrumadores”, señala el sociólogo.

La exigencia excesiva puede provocar que la religión acabe siendo rechazada. Esto recuerda a alumnos que estudiaron en algunos colegios de monjas donde la severidad era tan exagerada que cuando terminaron la escuela no quisieron volver a saber nada de la Iglesia por el resto de su vida.

Limitarse a “dar ejemplo”, pero sin hablar de la fe en casa. Smith señala:

“No funciona modelar la fe y práctica religiosa de los niños sin que los padres les hablen con frecuencia de por qué el padre cree y practica; los niños necesitan oír hablar del tema a los padres, no sólo vivirlo”.

Hoy está de moda la insistencia de que, para evangelizar, no es necesario predicar, sino que basta con dar testimonio de vida a fin de atraer hacia Cristo. Y, sí, es más cómodo quedarse callado y dejarle toda la responsabilidad de predicar al sacerdote, al religioso o al catequista. Sin embargo la orden de Cristo para todos sus discípulos es: “Vayan y prediquen el Evangelio” (Mc 16, 15). La Escritura insiste: “Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo (…), siempre con paciencia y dejando una enseñanza” (II Timoteo 4, 2).

La hipocresía y doble vida. No es eficaz para transmitir la fe, por ejemplo, decir al hijo que la Misa o el ayuno son muy importantes, si luego ve que los mismos padres ni van a Misa ni ayunan.

Dejarle la evangelización a la escuela o la parroquia. La escuela y la parroquia por sí solas no tienen casi eficacia a la hora de transmitir la fe a los niños. Tampoco funcionan apenas, sin los padres, los campamentos, retiros y jornadas. Los hijos deben ver que sus padres dan el ejemplo y que están a la cabeza de su evangelización.

Lo que sí funciona

El experto en sociología de la religión Christian Smith señala tres cosas que sí funcionan para que los padres puedan transmitir de forma efectiva la fe en sus hogares:

Querer realmente transmitir la fe. Si de verdad se quiere evangelizar a los hijos, tiene que ser una prioridad declarada; por lo tanto, los papás tienen que hacer que su vida sea un modelo de fe para sus hijos.

Deben hablar sobre la fe con sus hijos durante la semana. No es posible relegar a Dios y su doctrina sólo a un ratito del día domingo. Dice Christian Smith: “Hablar o no hablar con los hijos de asuntos religiosos entre semana es uno de los mecanismos más poderosos para la transmisión religiosa a los niños.

“Cuando los padres nunca, o rara vez, hablan de la religión en términos personales, eso da un fuerte mensaje a sus hijos de que en realidad no es algo importante”.

Mostrar a la vez cariño y autoridad firme. Los padres deben exigir a sus hijos en materia de fe, pidiéndoles altos estándares; pero al mismo tiempo deben expresarles cariño y mantener la conexión con sus hijos.

Un adolescente o joven que reciba de sus padres una sólida educación católica no caerá en la trampa de creer que las reglas de moral cristiana están obsoletas, pues tendrá muy claro que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13, 8) por lo que su Voluntad no se modifica con los siglos ni las modas.

TEMA DE LA SEMANA: TRANSMITIR LA FE A LAS NUEVAS GENERACIONES: SÍ, PERO ¿CÓMO NO MORIR EN EL INTENTO?”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de septiembre de 2020. No. 1315