Por Sergio Ibarra

El imperio napoleónico hace 200 años no solamente dejó un puñado valioso de lecciones militares que hasta nuestros días se estudian en las escuelas donde se forman marinos, soldados y pilotos en México y el mundo, sino que además, fundó la primera república, sustentada en la división de poderes e instituciones.

Las instituciones representan el inicio de una nueva historia: el fin de las monarquías o dictaduras, para ser reemplazadas por gobiernos sustentados en estas organizaciones cuya misión es velar por la república en el tiempo, independientemente de quien gobierne.

Douglas North (1920-2015) premio Nobel de Economía, experto en el tema, nos dice que las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Esto es, nadie impone una regla así no más porque sí en una república. Para ello existe la división de poderes. Cualquier institución que se defina en el tiempo deberá corresponder a una estructura que incentive, no que desincentive, el intercambio humano, ya sea político, social o económico.

Establecen las limitaciones que siendo diseñadas por el hombre, deben velar por la mejor forma de interacción humana, la que genere mejores condiciones para desarrollo y realización económica, intelectual y espiritual de todos los miembros de la sociedad. De todos, no de unos cuantos. Y por ello, como miembros de una sociedad pagamos impuestos y cumplimos obligaciones para tener derechos. Cada tiempo representa un desafío para que las naciones elijan la evolución institucional que los lleve a niveles de bienestar superiores.

Una institución democrática es la presidencia de la república la cual también está sujeta a limitaciones. La primera y más importante es que nos representa a todas y a todos los mexicanos. No es un juguete, es la más alta de las responsabilidades. Enviar una carta para pedir disculpas al Papa Francisco es un acto incalificable, la Iglesia Católica sabe quien la suscribió. No, eso no es lo importante. Atención: El presupuesto 2021 anula el fondo para fortalecer la seguridad en los municipios.

La anulación de más de cien fideicomisos es un paso más para debilitar instituciones que han costado esfuerzo, recursos y tiempo, como el CONACYT. No extrañe un éxodo de talentos hacia otros países. Somos testigos y víctimas de una involución institucional. No decirlo, sería una omisión.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de octubre de 2020. No. 1320