Señala Samaritanus Bonus que “la vida es siempre un bien” y “un don sagrado”.

Y como “el valor inviolable de la vida es una verdad básica de la ley moral natural y un fundamento esencial del ordenamiento jurídico”, entonces “no se puede elegir directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque éste lo pida”.

Sin embargo, “hoy en día algunos factores limitan la capacidad de captar el valor profundo e intrínseco de toda vida humana”:

  • “El primero se refiere a un uso equívoco del concepto de ‘muerte digna’ en relación con el de ‘calidad de vida’”. Es una visión “utilitarista, que viene vinculada preferentemente a las posibilidades económicas, al ‘bienestar’, a la belleza y al deleite de la vida física, olvidando otras dimensiones más profundas – relacionales, espirituales y religiosas – de la existencia”.
  • “Un segundo obstáculo que oscurece la percepción de la sacralidad de la vida humana es una errónea comprensión de la compasión. Ante un sufrimiento calificado como ‘insoportable’, se justifica el final de la vida del paciente”; pero “en realidad, la compasión humana no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo en medio de las dificultades, en ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar el sufrimiento”
  • “El tercer factor (…) es un individualismo creciente”, que en nombre de la propia libertad cree que ésta “puede extenderse hasta la elección de seguir o no viviendo”.

TEMA DE LA SEMANA: EL BUEN SAMARITANO LO ES HASTA EL FINAL

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de octubre de 2020. No. 1317