Por Mary Velázquez Dorantes

Sin duda este año ha sido complicado y complejo en muchos sentidos: hemos perdido vidas, hemos sido testigos del dolor, la angustia. Nos tomó por sorpresa, y el miedo se arrinconó dentro de nosotros, de nuestros hogares y de nuestras familias. Hemos vivido la desestabilidad y la falta de equilibrio. La economía se vio golpeada, y tras ella muchos problemas enseñaron su rostro; sin embargo no podemos renunciar, cansarnos o desesperarnos; cerraremos este año con una vida diferente, pero tomados del don más grande: la fe.

¿Qué sería de la humanidad si la fe se escabullera prontamente? ¿Cómo podría el mundo recobrar el futuro si una fe sostenida en el Dios que todo lo puede? Nuestra misión en la tierra es anunciar con testimonio vivo el don de la fe, un testimonio que hace camino y que implica directamente al cristiano convencido. No podemos dudar, no podemos rendirnos, hoy estamos haciendo sentido con nuestra acción de fe, convencidos que nuestras vidas retomarán su cauce y que avanzaremos con la fuerza de la fe, bajo la buena voluntad de Dios.

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ

Nuestros corazones deben arder en la fe y el conocimiento de Dios, por lo tanto, no podemos sucumbir nuestra existencia al miedo, a la angustia o a la terrible desesperación que el caos provoca. Es importante cerrar el año dando pasos certeros, caminar de la oscuridad a la luz, con la firme convicción de que Dios actúa en el mundo, y vivir la fe como una experiencia que llena a los espíritus más inquietos, que posibilita nuevas formas de vida, que reconcilia y sobretodo que inspira a los seres humanos.

El pensamiento cristiano camina en la fe y permanece en ella, porque si no fuera así dónde quedaría la gracia de Dios y cómo es que experimentaríamos la comunicación con Él. Tenemos la indeclinable tarea de vivir la fe y de renovarla constantemente frente a las pruebas. Nuestra vida diaria requiere esa renovación puesto que las noticias del mundo son en muchos sentidos negativas. Los escenarios pintan difíciles pero la insistencia de la fe hace posible el mundo con luz. Es como una necesidad de sabernos amados y protegidos.

UN SENDERO SEGURO

En casi doce meses hemos sido testigos de muchos cambios: nos ha atemorizado la muerte, nos ha dolido el alma, nos hemos acrisolado con la enfermedad, y la mayoría de la población en el mundo ha sentido que camina en fangos.

No obstante, muchos han experimentado el camino seguro de Dios, han sido tiempos de volver a Él bajo la oración, la misericordia, el arrepentimiento y hemos tocado nuevamente a la puerta divina, reconociendo que sólo es Dios quien nos puede llevar por caminos seguros. ¿Cómo podríamos perder la fe cuando las respuestas de Dios son claras? ¿Cómo es que el hombre quisiera renunciar a la posibilidad de existencia humana cuando la fe es la que sostiene dicha existencia? La fe nos acerca a la realidad, la fe es el puente entre Dios y el hombre y la fe es la respuesta a todas nuestras inquietudes de diálogo con el Creador, por lo tanto, estamos en el camino sólido y seguro.

LA FE COMO UN ESTILO DE VIDA

Actualmente se habla de vivir bajo estilos de vida, de ser parte de una vida de bienestar y estabilidad; entonces, por qué no hacer de la fe un estilo de vida que nos guíe, que nos ayude a creer y que nos indique el camino.

Cuando experimentamos el don de la fe también conocemos la certeza, la lealtad; nos convertimos en personas que confiamos, que afrontamos los cambios; en personas que vivimos la esperanza y la caridad.

Recordando que la fe es un acto personal, único, que nace del interior de nuestro corazón, la fe sucede sin discusiones lógicas o racionales y es necesario aprender a conservarla con el silencio, la oración y la meditación; sostenerla en nuestro corazón como una llama viva, y una herramienta de apoyo para todo lo venidero. Quizás a veces la descuidamos o la hacemos invisible; sin embargo, podemos retomarla en actos pequeños, viendo la generosidad de Dios en todo momento.

Tips para aumentar nuestra fe

  • Reflexiona sobre todo aquello que Dios te ha dado.
  • Entrega tus problemas y preocupaciones a la misericordia de Dios.
  • Lee la Biblia y experimenta la voz de su escritor.
  • Convive con personas que te motiven a ser positivo.
  • Busca ser inspirado por personajes que han vivido su fe al máximo
  • Encuentra un espacio diario para ella en tú corazón.
  • Acércate al sacramento de la reconciliación.
  • Guarda silencio y medita las bondades de la vida.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 27 de diciembre de 2020. No. 1329