Si hay un nuevo Adán, entonces también hay una nueva Eva. Es que Dios quiso que la mujer estuviese presente en la Redención de un modo paralelo a como lo estuvo en el pecado.

Para los Padres de la Iglesia, sucesores directos o cercanos a los Apóstoles, es clarísimo quién es esta nueva Eva: la Virgen María.

Dios no quiso que Ella fuera un instrumento pasivo en la obra redentora, sino que cooperara con Cristo en la salvación de los hombres. Es por ello que en la Iglesia en diversas ocasiones se ha hecho referencia a Ella con el título “corredentora”; por ejemplo, en el siglo XV, y mucho más comúnmente entre los teólogos católicos a partir del siglo XIX. Juan Pablo II en más de una ocasión también la llamó corredentora.

La nueva Eva en los Padres de la Iglesia

San Juan Crisóstomo afirma: “Cristo derrotó y venció totalmente al demonio con los mismos medios y las mismas armas de que él se había servido para vencer primero. ¿Y cómo? Óyelo: ‘Una Virgen, un madero y una muerte fueron los símbolos de nuestra derrota’. La Virgen era Eva; el madero, el árbol de la ciencia; y la muerte, el castigo de Adán.

“Pero atiende de nuevo: una Virgen, un madero y una muerte son también los medios de la victoria. En el lugar de Eva está María; por el árbol de la ciencia del bien y del mal, el madero de la cruz; y por la muerte de Adán, la de Cristo. ¿Ves ahora cómo el demonio fue derrotado por donde él mismo había antes vencido?”.

San Ireneo, en su obra Contra Los Herejes, del año 185, dice: “En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: ‘He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38); a Eva, en cambio, indócil, pues desobedeció siendo aún virgen.

“Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe”.

San Justino mártir, en el año 165, en su Diálogo con Trifón, también destaca el paralelismo entre Eva y María: “Si por medio de la Virgen Cristo se hizo hombre, es porque el plan divino establece que por el mismo camino en que comenzó la desobediencia de la serpiente se encontrara también la solución. En realidad, Eva era virgen e incorrupta cuando acogió en su seno la palabra que le dirigió la serpiente y dio a luz la desobediencia y la muerte. (…) Hay ahí un paralelismo entre Eva y María sólo en cuanto son vírgenes invioladas, que acogen una palabra; pero lo restante está en oposición.

“Por un lado, Eva crea desobediencia y muerte, por el otro María concibe fe y gloria: Cristo hecho hombre por medio del Espíritu Santo”.

San Jerónimo escribió: “La muerte vino por Eva, por María la vida”. San Epifanio: “Eva resultó ocasión de muerte para los hombres, pues por su medio entró la muerte en el mundo. María en cambio es ocasión de vida, pues por su medio nos nació la vida. Por eso vino el Hijo de Dios al mundo”.

Por su parte, san Cirilo de Jerusalén dijo: “Por medio de una virgen, Eva, viene la muerte; por medio de una Virgen o, más bien, de la Virgen, era necesario que apareciese la vida”.

La Virgen junto a la Cruz

Otro paralelismo que hay entre la primera y segunda Eva es que la mujer de Adán fue creada sin ningún pecado; y María también fue creada sin ningún pecado, verdad que constituye el dogma de la Inmaculada Concepción.

Pero el momento culmen del plan divino de involucrar a María en la Redención ocurre cuando Ella se encuentra junto a la Cruz y el Señor le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; sólo después dirá al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”. Así, las palabras de Jesús denotan que en aquel acto había mucho más que una simple preocupación material y temporal de un hijo por su madre. Se trata más bien de la proclamación de una nueva forma de filiación y maternidad, que obviamente estaban en los planes de Dios. Dice san Epifanio:

“Si de Eva proceden por generación todos los hombres, de María nace la vida al mundo, pues dando a luz al Viviente, ella se convierte en madre de todos los vivientes”.

Y san Alfonso María de Ligorio remata: “¡Pobres de nosotros que, siendo hijos de la infeliz Eva, y, por lo mismo, reos ante Dios de la misma culpa, condenados a la misma pena, andamos agobiados por este valle de lágrimas, lejos de nuestra patria, llorando afligidos por tantos dolores del cuerpo y del alma!

“Pero ¡bienaventurado el que, entre tantas miserias, con frecuencia se vuelve hacia la consoladora del mundo y refugio de miserables, a la excelsa Madre de Dios y devotamente la llama y le ruega!”.

TEMA DE LA SEMANA: «EN LA CRUZ SE REDIME EL MUNDO»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de marzo de 2021 No. 1341