Por Mario De Gasperín Gasperín, obispo emérito de Querétaro

Los muertos necesitan un sepulcro para “descansar”. La primera sangre de la historia humana derramada con violencia levantó un clamor que todavía sigue resonando en el mundo entero.

Hay que cubrirla con tierra para que ese trágico crescendo encuentre reposo al volver al polvo de donde salió. Desahogar el llanto es condición humana indispensable para lograr la paz, tanto para el difunto como para el doliente.

 Este descanso sólo es posible si se encuentran el lugar de la sepultura y el nombre del sepultado. Su identidad. Dios llamó al hombre “adán”, tierra, y ésta es su identidad original; así lo inscribió en el Libro de la vida y quedó tatuado en la palma de su mano. Para Dios no existe el anonimato: a cada uno conoce y llama por su nombre. En el culto a los muertos se juega el destino de los vivos, pues para Él todos viven. Lo entienden esas heroicas madres, que, pico y pala en la mano, remueven el suelo nacional -cementerio de vergüenzas-, buscando a sus hijos.

 Vasili Grossman, en “Vida y Destino” (1106 pg.) logró sacar del clandestinaje la existencia de los campos de exterminio nazis. Cito fragmentos: “N.R. caminaba por la carretera y contaba: en el de anteayer, 110; en el de ayer, 71; los cinco días antes, 612; eso suma un total de 793… Qué lástima no haber llevado una cuenta separada de los hombres, los niños y las mujeres… Las mujeres arden más fácilmente”.- “Un Brenner experimentado puede determinar a partir de un montículo cuántos cuerpos yacen dentro de una fosa: cincuenta, cien, doscientos, mil…”. – “Niño, no te agarres de tu mamá con las manos, os quedaréis juntos, no te irás lejos de ella…”. Se exige que se les llame figuras, no personas. (I, 44).

 Maritza Pérez (7-Oct. 2020, 17:17) escribe esta nota: “Segob reporta 77,171 personas desaparecidas en México al corte de septiembre de 2020. En lo que va de la administración de A.M.L.O., 13,821 (18%) personas que han desaparecido”. El documento también detalló que del 2006 al 30 de septiembre se han localizado 4.092 fosas clandestinas de las cuales se han exhumado 6,900 restos”. No cito más. Uno, para una madre, es una tragedia infinita; para un funcionario, no altera la estadística. Jesús nos ayuda a esclarecer este terrible contraste: Ustedes levantan sepulcros (estatuas, monumentos, condecoraciones, etcétera) a los antepasados que asesinaron sus padres. Así piensan desagraviarlos. No. Esto sólo demuestra que ustedes son hijos de los asesinos, y lo aceptan (Cf Lc 11). El asesino necesita de la memoria de los muertos para seguir viviendo. Comenta X. Pikaza: “Sobre la sangre derramada injustamente hemos levantado nuestra cultura”.

 Dos Madres dolorosas: – Eva, con el cadáver de Abel en su regazo, experimentó la crueldad de la muerte por vez primera. Al perder a un hijo, perdió a los dos y dañó a toda su descendencia. – María, privada con violencia de su hijo, nunca aparece con lágrimas en el Evangelio. Ella vino a secar el llanto que la primera Eva esparció por el mundo. Sus lágrimas son las que cada madre derrama cuando pierde un hijo. Si Caín respondió grosero que él no era el guardián de su hermano, el Hijo de María “no se avergonzó de llamarnos hermanos”.

 Posdata: Reporta Amós Oz que, en uno de los vagones para ganado que transportaba a las familias hebreas a los campos de extermino, una madre nos dejó escrito a lápiz este recado: “Aquí, en este transporte, (voy) yo, Eva, con mi hijo Abel. Si ven a mi otro hijo, Caín hijo de Adán, díganle que yo…”. Respuesta: Sabemos que Caín anda entre nosotros, pero no hemos dado con él. Disculpe usted.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de marzo de 2021 No. 1341