Señala san Pablo: “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” (I Corintios 1, 23).

Efectivamente, hasta el día de hoy la Cruz sigue siendo motivo de controversia, rechazo y hasta persecución.

En el mundo pagano de antaño morir crucificado era signo de haber sido derrotado, y aún hoy existen los que afirman que la Cruz de Cristo es la señal de su fracaso. Hasta se inventó en 1954, en Corea del Sur, una religión dictatorial llamada “Iglesia de la Unificación”, en la que se enseña que Jesucristo fracasó, pues su muerte en la Cruz fue algo que Dios no había previsto.

No a todas, pero sí a muchas de las ramas del protestantismo, si bien no conciben la santa Cruz como signo de fracaso, sí les parece que no es más que un instrumento de tortura, por lo que de ninguna manera debe ser honrado.

Instrumento de victoria

En la Cruz ciertamente Cristo fue torturado y muerto; pero precisamente porque Jesús estuvo en ella, aceptándola libremente, es que ésta adquirió su valor. El Señor dice: “Yo doy mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo” (Juan 10, 17-18).

La Virgen María le dictó a la venerable sor María de Jesús de Ágreda que Lucifer y sus demonios fueron obligados a contemplar la Pasión mientras ésta tenía lugar, y que “luego que Su Majestad recibió la Cruz sobre sus sagrados hombros, en aquel punto sintieron contra sí el poder divino, que con mayor fuerza los comenzaba a oprimir (…). Y deseaban retirarse (…): pero el poder divino los detuvo y encadenó (…) para que no huyesen, sino que fuesen siguiendo a Cristo hasta el Calvario. (…). Allí se vio de todo punto humillado el soberbio orgullo de Lucifer y desvanecidos sus pensamientos altivos de levantar su silla sobre las estrellas del cielo (Is 14, 13)”.

Así pues, la Cruz de Cristo no es signo de fracaso, sino de la victoria más grande de la historia.

Todos marcados

A partir de la Redención, no hay lugar para las medias tintas, no es posible permanecer neutrales. Dice el Señor: “El que no está Conmigo, está contra Mí” (Mateo 12, 30).

La Palabra de Dios también anuncia para el final de los tiempos que todos los humanos tendrán una de dos marcaciones: la de los seguidores de Dios o la de los seguidores del Diablo. La de Satanás consistirá en la “marca de la Bestia” o del Anticristo, con la que se intentará sellar a “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos”, y consistirá en “una marca en la mano derecha o en la frente”, y nadie podrá “comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre”, que es el 666 (cfr. Apocalipsis 13, 16-18).

Sobre la marca divina dice: “Vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: ‘No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios’” (Apocalipsis 7, 2-3).

Sobre esta marca que Dios pone sobre los suyos se explica ya desde el Antiguo Testamento en qué consiste: “Y Yahveh le dijo: ‘Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una Cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella’” (Ezequiel 9, 4).

Quienes reciban la marca de Dios serán preservados del castigo que sobrevendrá sobre los habitantes de la Tierra (cfr. Ezequiel 9, 5-6 y Apocalipsis 9, 4).

Enemigos de la Cruz

Mientras tanto, no faltan los enemigos de la Cruz. Los musulmanes que migran a Europa continúan destruyendo las cruces cristianas, y por desgracia no son raros los casos en que golpean, violan o apuñalan a las personas que traen al cuello un crucifijo. El jeque Abdul Aziz al-Tarifi, un experto saudí en derecho islámico, explica: “Bajo ninguna circunstancia se permite a un ser humano llevar la Cruz”.

La hostilidad islámica hacia la Cruz, presente desde hace siglos, estrenó nueva modalidad cuando, a finales de 2019, musulmanes del norte de Iraq comenzaron a vender para la temporada navideña un línea de zapatos en cuya suelas está dibujada la Cruz; esto, con la finalidad de que, quien los use, constantemente pisotee el signo de Cristo.

Pero no hace falta tener un credo religioso para despreciar la Cruz. En España, a partir de 2017, con base en la “Ley de Memoria Histórica”, se han derribado o destruido al menos 15 cruces históricas, la mayoría en 2020 y 2021, aprovechando el encierro por la pandemia.

Por su parte, en Francia ya se decidió que, en la reconstrucción de la Catedral de Notre Dame, será eliminada la Cruz de la aguja para que no sea motivo de ofensa para musulmanes, masones, comunistas y ateos, aunque eso sí ofenda a los cristianos.

TEMA DE LA SEMANA:  «LA CRUZ: EL TEJIDO DE NUESTRA VIDA»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de mayo de 2021 No. 1347