Es Dios quien nos defiende, es Dios quien nos consuela y es importante que lo sepa el corazón

Por Jessica Rivera

Una de las cosas que más recuerdo de mi camino de fe es que hace algunos años Dios me permitió estar en un grupo de jóvenes, Fiat, donde empezó mi vida espiritual más en serio. Hubo una temporada en que nos reunimos a ver películas en las casas después de nuestra junta. Hicimos nuestro “Cine Club”. Veíamos películas con un mensaje de fe y esperanza o de la vida de algún santo. En ese tiempo yo estaba muy sedienta de conocer de Dios, estaba cansada y me sentía vacía. No puedo decir qué santo me ha inspirado más, pues sin duda muchos de los que pude conocer a través de libros o de las mismas películas me han ayudado en mi vida de fe, me han inspirado a querer eso mismo que ellos vivían, a cambiar de rumbo y a poner amor en todo lo que hago.

Una de las películas que vimos era sobre la reina Ester, me movió mucho al verla, venía a mi pensamiento: ¿Quién es esta mujer?, ¿quiénes son estas mujeres Ester, Ruth, Judith, de las que nos habla la Biblia? Fue hasta ese momento en que sentí la inquietud de buscar conocerlas, en especial a Ester. Una de las cosas que más me impactó de ella era esa valentía y la confianza con la que se plantó delante del rey suplicando por su pueblo. Esta lectura me gusta mucho y me hace pensar en cómo había en ella ese amor tan grande por ellos que la hacía pedir así, viendo que los amenazaba un peligro mortal:

«Buscó refugio en el Señor y se postró en tierra con sus esclavas, desde la mañana hasta el atardecer y suplicó al Señor diciendo: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, ¡bendito seas! Protégeme, porque estoy sola y no tengo más defensor que tú, Señor, y voy a jugarme la vida», Ester, 4,17.

Primero, Ester reconoce que le está hablando a Dios y le dice: ¡Bendito seas! Le pide que la proteja porque a lo que se enfrenta es algo más grande que ella, pero no más grande que Dios.

Algo que me impacta mucho es cuando le dice: “No tengo más defensor que Tú”. Es Dios quien nos defiende, es Dios quien nos consuela y ella lo sabía en su corazón; admirable la fe con la que le pide que la ayude, sabiendo que Dios siempre salva a los que le son fieles. Esto me hace reflexionar en algunas cosas: ¿Reconozco a Dios como mi defensor?, ¿es mi fe como la de Ester?, ¿intercedo ante Dios por otros?

«Jesús les dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y el que toca, se le abre”», Mateo 7,7.

Dios sabe de nuestras necesidades y le gusta que le pidamos aquello que necesitamos, no sólo para nosotros, sino también para los que están a nuestro alrededor. Insistiendo en la oración, confiando como Ester, Él nos dará lo que le pedimos con fe, a su tiempo y sabiendo que es lo mejor para nosotros. En estos tiempos difíciles que vivimos, he experimentado la misericordia de Dios a través de la oración de intercesión.

Te invito a atreverte a interceder con fe por los demás. Señor danos un corazón generoso para interceder por nuestros hermanos que se encuentran necesitados, que no seamos sordos a tu voz cuando pones en nuestro corazón pedir por una intención. «Con tu poder, Señor, líbranos de nuestros enemigos. Convierte nuestro llanto en alegría y haz que nuestros sufrimientos nos obtengan la vida», Ester 4,17

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 16 de mayo de 2021 No. 1349