Su ausencia con los hijos o en las labores del hogar deja vacíos importantes en todos los miembros

de la familia, pero su presencia activa y constante equilibra todos los aspectos

Por Raúl Espinoza Aguilera

En cierta ocasión, saludé a una experimentada Psicóloga –madre de ocho hijos- y, tanto su esposo como ella, se dedican desde hace muchos años a la orientación familiar.

Conversando con ella sobre varios temas, me comentaba: “Nunca me ha gustado que en los anuncios publicitarios se ponga tanto énfasis en la importante función de la mamá en el hogar, por ejemplo, con ocasión del Día de la Madre”.

¿En qué sentido lo dices? -le pregunté. “Desde luego el papel de la mamá es fundamental, pero observo que con frecuencia se relega al padre a un segundo o tercer plano, como si importara menos o fuera muy secundario”.

Y añadía “Mi marido y yo hemos atendido a decenas y decenas de casos de chicas y chicos con trastornos emocionales por la ausencia de la figura paterna. En numerosos casos, incluso viviendo el papá en el mismo hogar. Porque resulta que él no se interesa por sus vidas, por sus estudios, sus novios, sus ilusiones, sus aficiones deportivas o culturales o qué carrera universitaria sueñan con estudiar”.

Me quedé reflexionando y pienso que tiene mucha razón. Porque en nuestra cultura “machista” es típico que el esposo piense: “Mi función es trabajar y traer dinero para sacar adelante los gastos de la familia. Lo demás le corresponde a mi mujer”.

Además de que en la actualidad la tendencia es que los dos cónyuges trabajen, el marido no se debe de colocar en esa actitud cómoda y quedarse al margen de sus responsabilidades.

¿Cómo rescatar la figura paterna?

Padre es aquél que participa en todos los acontecimientos importantes de sus hijos y sabe cómo organizar bien sus horarios para llegar temprano a casa y acompañar a la esposa en resolver las tareas de los niños y en todo lo que haga falta.

Se acerca a conversar con cada una y cada uno de ellos para que le cuenten privadamente sus inquietudes, sus pequeñas preocupaciones, sus tristezas, sus alegrías. Es copartícipe –paso a paso- de sus vidas desde que son niños, luego cuando pasan por la adolescencia y la juventud.

Es una persona equilibrada y madura que está unido a su esposa y conversan sobre cómo ayudar mejor a cada uno de sus hijos.

Sabe disfrutar de sus hijos en cualquier etapa que se encuentren. Desde acompañarles en sus juegos infantiles, salir de paseo o en bicicleta. Que lo vean como su mejor amigo en quien pueden confiar todas sus pequeñas intimidades.

Debe estar dispuesto a compartir las responsabilidades de la crianza: darles de comer, bañarlos; llevarlos al médico si están enfermos y seguirlos de cerca para que tomen los medicamentos indicados; asistir a juntas de padres de familia junto con su esposa; tratar de no fallar a los torneos deportivos o participaciones musicales de los hijos.

Aprender a corregirles en el momento oportuno en plan positivo, amable y constructivo. Nunca a gritos ni con regaños y menos en frente de toda la familia o con extraños. De lo contrario, quedan dolidos, con resentimientos.

Es decir, el padre no puede convertirse en el típico “ogro regañón” al que los hijos le tengan miedo y por ello se distancien de su presencia o le pierdan la confianza. Sería un grave error. Un buen papá debe ser tolerante y comprensivo. Que anima, impulsa, que brinda sus consejos con una sonrisa y buen humor.

El padre tiene que mostrar su cariño y ternura hacia cada uno de sus hijos. Esa conducta no le hace perder autoridad; todo lo contrario, muestra que tiene corazón y sentimientos afectuosos para con ellos. También es clave saber perdonar, comprender, disculpar.

Organizar los festejos de los hijos, en compañía de su esposa. Sin miedos y con naturalidad, aprender a dar abrazos o un beso cuando la ocasión lo amerite. Me he encontrado con personas mayores que dolidas me comentan: “Mi padre nunca fue capaz de darme un abrazo y decirme que me quería. Sólo me lo comentó en su lecho de muerte, ¿por qué no me lo dijo en mi infancia o cuando era joven? Siempre me había quedado con la impresión de que no me quería”.

En resumen, el padre debe de buscar los mejores momentos del día o del fin de semana para estar con sus hijos, con el objetivo claro de ser el mejor amigo de sus hijos (cfr. www.lafamilia.info).

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de junio de 2021 No. 1354