Carlos Chapero es un argentino taxista de 68 años de edad. Está discapacitado porque, cuando era niño, enfermó de poliomielitis, y aunque lo operaron más de diez veces no pudo volver a caminar.

Siendo un adulto joven conoció en un centro de rehabilitación a Mónica, quien se convirtió en su esposa. Ella era parapléjica porque recibió un disparo en la espalda cuando fue víctima de un robo. No podían tener hijos. Dice Carlos que al principio no le gustaba la idea de adoptar, pero después se dijo: “Yo quiero ser papá, dar amor. Quizá haya algún chico que lo necesite”. Y entonces adoptaron a una bebé con problemas neurológicos, a quien bautizaron con el nombre de Belén y que ahora tiene 26 años.

Mónica falleció hace diez años, y desde entonces Carlos se encarga de todo, desde las tareas domésticas hasta ir a comprarle ropa y artículos de perfumería a su hija, e intenta encaminar a Belén hacia la independencia.

“Al principio creía que ser buen padre era que no le faltara nada; ahora pienso que ser buen padre es no tenerla en una cajita. Cuando me dice ‘no puedo’, le contesto ‘vas a ver que sí puedes’”.

“Yo con ella aprendí a ser papá. Uno no nace papá, aprende”.

TEMA DE LA SEMANA: “ANATOMÍA DEL PADRE AUSENTE”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de junio de 2021 No. 1354