Redacción

El domingo 4 de julio el Papa Francisco fue sometido a una cirugía programada por estenosis diverticular que tuvo una duración aproximada de tres horas. Al día siguiente, la Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que el estado de salud de su Santidad en general era bueno y, desde entonces hasta ahora, su recuperación ha sido progresiva.

«El Santo Padre reaccionó bien a la operación realizada bajo anestesia general y llevada a cabo por el profesor Sergio Alfieri, con la asistencia del profesor Luigi Sofo, el doctor Antonio Tortorelli y la doctora Roberta Menghi. La anestesia fue dirigida por el profesor Massimo Antonelli, la profesora Liliana Sollazzi y los doctores Roberto De Cicco y Maurizio Soave. También estuvieron presentes en el quirófano los profesores Giovanni Battista Doglietto y Roberto Bernabei», fueron algunos de los detalles dados a conocer en su momento por Matteo Bruni, director la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

La recuperación

Casi una semana después de la intervención, el mismo Bruni informó que la recuperación de Francisco seguía por buen camino, lo que poco a poco le estaba permitiendo incorporarse a sus actividades de trabajo.

«La jornada del Papa Francisco ha sido tranquila, con el curso clínico esperado. Los análisis de sangre son satisfactorios y continúa con el tratamiento prescrito. Está retomando poco a poco el trabajo y sigue caminando por el pasillo del apartamento. Por la tarde, celebró la Santa Misa en la capilla privada y por la noche cenó en común con los que le asisten en estos días».

«El Santo Padre -concluye el comunicado-, tocando con su propia mano la dedicación humana del personal médico que le asiste, dirige un pensamiento especial a todos aquellos que con cuidado y compasión eligen el rostro del sufrimiento, implicándose en una relación personal con los enfermos, especialmente los más frágiles y vulnerables».

El Ángelus desde el hospital

Aún hospitalizado, el domingo 11 de julio el Papa Francisco pudo presidir la oración mariana del Ángelus Domini desde la décima planta del Hospital Universitario Politécnico Agostino Gemelli de Roma, junto a algunos niños que también se encuentran ingresados.

Después de dar gracias a todos por sus oraciones, Francisco comentó el evangelio del día, explicando que los discípulos de Jesús, enviados por Él, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. “Este aceite nos hace pensar que al sacramento de la Unción de los enfermos, que da consuelo al espíritu y al cuerpo”.

También se refirió a este aceite, como un símbolo de la escucha, la cercanía, la atención, la ternura de quien cuida a la persona enferma: “es como una caricia que hace que nos sintamos mejor, que calma el dolor y anima”.

Finalmente, se centró en la importancia de un buen servicio sanitario gratuito y accesible a todos:

“Estos días de hospitalización ha experimentado lo importante que es un buen servicio sanitario, accesible a todos, como el que hay en Italia y en otros países. Un sistema sanitario que garantice un buen servicio accesible para todos. No debemos perder este bien tan precioso. ¡Tenemos que mantenerlo! Y para ello debemos esforzarnos todos, porque sirve a todos y requiere la contribución de todos”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de julio de 2021 No. 1358