Ser optimista no es malo, pero recordemos que la vida es un balance entre todo lo que nos sucede en el día a día, y no podemos restarles importancia a nuestras sensaciones de apatía o soledad, y mucho menos, podemos minimizar esos estados emociones que hacen que nos enfrentemos y cuestionemos personalmente.

Por Mary Velázquez Dorantes

La experiencia de la felicidad y de las acciones positivas parecen estar en peligro, es quizás un asunto curioso para las nuevas generaciones, quienes luego de preguntarles para qué esta llamado el ser humano, la respuesta es casi siempre constante: ser felices. Sin embargo, el ser felices viene acompañado de algunos retos y desafíos a los que muchos están rehuyendo, y con ello llega la famosa positividad tóxica, ese extraño comportamiento que aparece en redes sociales, o en reuniones de una forma permanente, excesiva e incluso enferma de ser optimista.

NO EXISTE FELICIDAD ABSOLUTA

Se han descubierto cosas significativas sobre nuestros estados de felicidad, pero también hemos llegado a comprender que no existe una felicidad absoluta, porque cuando alzamos la mirada a los máximos placeres creamos expectativas, y muchas de estas expectativas no corresponden a la realidad. Entonces, aparece el sufrimiento, la frustración y el recelo a la vida, temas a los cuales ya muchos no quieren enfrentar.

Cuando somos optimistas debemos tener un equilibrio y, para no dañarlo, es necesario descubrir que un estado feliz no es eterno, que puede seriamente perjudicar nuestras relaciones personales y con los demás; que las emociones como la tristeza, la melancolía o quizás un poco de enojo no son tan dañinas, porque son parte de un ciclo emocional. Cuando éstas no se procesan aparece un estado tóxico, como fingir que todo está bien y viene el autoengaño sobre aquello que se quiere ver o sentir.

SÍNTOMAS DE ALERTA

¿Cuándo mi optimismo por la vida está en riesgo?, ¿Cómo puedo identificar si estoy en una estado de “no pasa nada”? Algunos de los síntomas más importantes son: reducir el impacto de las experiencias negativas con frases como “esto pasará pronto”, “en realidad no es tan importante”, “podría ser peor”. También te puedes dar cuenta que cuando estás frustrado no identificas el por qué, y probablemente culpes a otros.

Otro de los síntomas es sentir miedo a tus emociones negativas y querer desaparecerlas con acciones vacías. También se está volviendo común sentir vergüenza de actos que te hicieron sentir incómodo, o vulnerable. Muchos creen que ésas situaciones no deben suceder y empiezan a fingir que no existen en su vida.

UNA MIRADA FALSA

Es urgente que activemos nuestros estados de alerta, pues la felicidad eterna no siempre es sana para la mente, las llamadas frases positivas se tienen que vivir, no sólo reproducir. El optimismo tiene un límite y las pérdidas, las lágrimas y las confusiones ayudan a crear una buena relación entre la mente emocional y la mente racional. Vinculemos nuestras tristezas con nuestras alegrías, así seremos seres humanos más equilibrados.

Negar lo que sucede nos convierte en ciegos; ignorar lo que sentimos enferma nuestra existencia, y nos lleva a la depresión. Corremos un gran riesgo cuando escapamos de lo negativo, pues le abrimos las puertas a la ansiedad.

Consejos útiles para evitar la toxicidad

  • Reconoce tus emociones positivas pero también las negativas.
  • Encuentra el sentido al dolor.
  • Expresa lo que piensas y sientes.
  • No reprimas tus experiencias emocionales.
  • Dales un descanso a tus emociones en redes sociales.
  • Agradece sentir vulnerabilidad en ciertos momentos.
  • Aprende a reponerte lentamente de una crisis.
  • Desconecta la culpa del mundo irreal.
  • Reduce los deseos optimistas.
  • Sé más sincero internamente.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de julio de 2021 No. 1358