El profesor y filósofo mexicano Rodrigo Guerra, fundador del Centro de Investigación Social Avanzada, CISAV, fue nombrado por el Papa Francisco como secretario de la Comisión Pontificia para América Latina (PCAL). Al conceder su primera entrevista tras su nombramiento, una serie de interrogantes le han sido planteadas por Aleteia.

Por Jaime Septién

El Papa Francisco te ha nombrado secretario de la PCAL. De este modo, al parecer te conviertes en el laico con más alta posición dentro de la estructura de la Iglesia católica. ¿Qué significa esto para ti?

▶ Primero que nada, agradezco al Santo Padre la confianza que conlleva este nombramiento. De repente me descubro enormemente limitado pero lleno de confianza en que Jesús llama cuando quiere y cómo quiere al seguimiento y al servicio. Y el llamado no es a los mejores, sino muchas veces a los más frágiles, que habiendo tocado fondo, se confían a la misericordia divina.

En el Vaticano existen, en efecto, laicos que colaboran como subsecretarios y como asesores. Hasta donde sé, sólo Guzmán Carriquiry, mi querido amigo y predecesor, ha ocupado un puesto de secretario. Es un honor poder trabajar donde él ha entregado su vida. Espero que la próxima reforma de la Curia romana permita que más laicos participen en este tipo de responsabilidades por el bien de la Iglesia.

¿Cómo fue que un filósofo comenzó a ayudar a los obispos desde su vocación académica?

▶ Cuando regresé de estudiar el doctorado en Liechtenstein, allá por 1994, colaboré como profesor y Coordinador académico del Pontificio Instituto Juan Pablo II en la Ciudad de México. Poco después, los obispos me invitaron como consultor a colaborar en el rediseño de la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Ahí fui director durante varios años y tuve la oportunidad de aprender mucho de monseñor Sergio Obeso, de monseñor Carlos Talavera, de monseñor Jacinto Guerrero, y muy especialmente, de monseñor Mario de Gasperín.

Ellos me confiaron la redacción de los borradores y la versión final de la Carta Pastoral “Del Encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, publicada en el año 2000. Creo que, sin haberlo planeado, la presencia de un laico en estas tareas les daba paz. Por supuesto, los obispos tenían la última palabra en todo. Pero muchos trabajos “intermedios”, requirieron metodologías y rigor científico que el perfil laical de tu servidor podía aportar.

¿Qué podemos esperar de la relación entre PCAL, CELAM y Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) con tu llegada como secretario?

▶ El Papa Francisco busca que vivamos en la Iglesia bajo el esquema de “pirámide invertida” y dentro de una dinámica de verdadera sinodalidad. Estas no son meras palabras ni ocurrencias. Son una forma pedagógica y metodológica de afirmar la importancia de vivir al estilo de Jesús, las diferentes responsabilidades eclesiales. La sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia que es preciso recuperar con radicalidad. Todos somos convocados por Jesús a caminar juntos, desde nuestra particular vocación y ministerio.

La PCAL, con la guía del Santo Padre y del cardenal Marc Ouellet, más que nunca debe ser un espacio de servicio y no un estorbo. Hubo épocas, hace muchos, muchos años, en que la PCAL fue un dolor de cabeza para el CELAM y para la CLAR. Hoy todos tenemos que aprender una nueva actitud de servicio samaritano. La PCAL debe ser “diakonía” antes que burocracia, debe ser puente y no muro, debe ser una forma en que los obispos, los consagrados y los fieles laicos han de poder encontrarse realmente y a profundidad, con la mente y el corazón del Santo Padre.

Tu colaboradora principal es Emilce Cuda, que ha sido nombrada como Jefe de Oficina. El perfil de la PCAL es así más robusto que nunca. ¿No te parece?

▶ Emilce es una madura académica que enriquecerá con su sensibilidad a la PCAL. Tu servidor la admira y reconoce muy sinceramente. Hace no mucho ha participado en algunas actividades académicas de CISAV. Ambos venimos de compromisos eclesiales y socio-políticos diversos. Sin embargo, coincidimos en un afecto profundo hacia el Papa Francisco, hacia el proceso de renovación eclesial que ha emprendido, y hacia la opción preferencial por los pobres y marginados.

Una mujer laica, inteligente y comprometida será sin duda buena noticia para la Curia Romana. Por otra parte, el equipo actual de la PCAL posee una experiencia extraordinaria. Tendremos que aprender de todos ellos lo más posible y a velocidad acelerada. ¡La caridad de Cristo nos apremia!

Nunca un laico mexicano había sido nombrado para un puesto similar. ¿Qué te llevas de tu experiencia con los obispos mexicanos?

▶ A través de los años he vivido cosas muy diversas al trabajar cerca de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Hubo épocas, en torno al año 2000, de graves difamaciones y calumnias. El tiempo ayuda a serenar los ánimos y a que las cosas encuentren su lugar. Me llevo ante todo un profundo sentimiento de agradecimiento al cardenal Carlos Aguiar, quien ha sido un amigo entrañable durante más de veinte años y aún en momentos de dura prueba y dolor; pienso de inmediato en monseñor Christophe Pierre, un verdadero maestro de prudencia pastoral y diplomacia evangélica; en monseñor Alfonso Cortés, obispo inteligente y bueno siempre preocupado por la educación; en monseñor Faustino Armendáriz, que ayudó a salvar al CISAV en momentos de crisis; y en monseñor Fidencio López que desde que era mi párroco me mostró que la misericordia es camino. Pienso en monseñor Rogelio Cabrera y en el cardenal Robles, que confiaron en CISAV aún en escenarios delicados. Recuerdo a algunos que ya se fueron: Don Sam (don Samuel Ruíz), Don Arturo Lona, Don Sergio Obeso, el Padre-obispo Talavera, Don Jacinto Guerrero y monseñor Chávez Joya.

Pero a quien más me llevo en el corazón es a monseñor Mario de Gasperín, maestro, pastor y amigo que con enorme paciencia ha acompañado todo tipo de proyectos y trabajos en los que me he visto involucrado en los últimos 24 años.

Entrevista completa: https://es.aleteia.org/2021/07/27/un-laico-mexicano-al-servicio-del-papa-francisco-y-de-america-latina/

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de agosto de 2021 No. 1361