Fray Miguel de Guevara (1585-1646), el agustino novohispano, muestra en su soneto “A Cristo crucificado” cuál debe ser el camino cristiano para llegar el Cielo. Dice:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el Cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el Infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera Cielo yo Te amara,
y aunque no hubiera Infierno Te temiera.

No tienes que me dar porque Te quiera;
pues aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que Te quiero Te quisiera.

El autor deja ver que su amor hacia Cristo permanecería inmutable aun si no existiera premio ni castigo; es decir, ama a Dios sin exigir retribución alguna.

Esto no significa que el Cielo sea algo secundario en la vida cristiana. De hecho, la meta es llegar allá porque allá está Cristo: “Volveré y los tomaré Conmigo, para que donde Yo estoy estén también ustedes” (Juan 14, 3). Al ladrón crucificado y arrepentido le dijo el Señor: “Hoy estarás Conmigo en el Paraíso” (Lucas 23, 43).

Dice la Palabra de Dios: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte” (I Juan 3, 14); entonces la clave para alcanzar el Cielo está en el amor: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (I Juan 4, 8).

Pero no se trata de amar con cualquier amor: “No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo. Quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor” (I Juan 4, 18-19).

El del soneto de fray Miguel de Guevara es ese amor cristiano perfecto, que sólo puede desembocar al final de esta vida en el Cielo.

TEMA DE LA SEMANA: LA MUERTE Y EL MÁS ALLÁ: PREGUNTAS CON RESPUESTA

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de noviembre de 2021 No. 1376