Cada día es una nueva oportunidad para modificar hábitos, para encontrar un propósito a esta vida que es un regalo de Dios

Redacción

Además de cuidarte y tomar tus precauciones por la pandemia, seguramente hiciste otras cosas por mejorar aspectos de tu vida o de tu entorno que te han llevado a conservar ciertos hábitos para mantenerte por el buen camino.

A lo mejor lograste cumplir alguno de los propósitos que exigen voluntad, es decir, aquellos que se comienzan y terminan, como el hecho de dejar de fumar, hacer ejercicio, perder peso, ser más organizado u organizada, etc. Y ahora que empieza un nuevo ciclo de oportunidades no significa que debas dejarlos, sino más bien no romper el ciclo de los buenos hábitos.

O tal vez alcanzaste alguno de los propósitos que se sostienen de la inteligencia y la voluntad, como el hecho de estudiar un idioma, emprender un negocio, iniciar o terminar estudios, etc. Y ahora tienes una mejor estabilidad y tus oportunidades se han ampliado.

Pero también están los propósitos que trascienden a la persona: el ser. En estos últimos dos años los espacios para la reflexión no han faltado, ya sea por el aislamiento, la enfermedad, la pérdida o las nuevas oportunidades. Estos propósitos van más allá de la persona, son propósitos que trascienden a la persona, pues no terminan en ella, sino que se orientan hacia los demás, para servir y amar mejor, como: ser mejor esposo, hermano, amigo, trabajador, profesional. Adquirir o desarrollar tales o cuales virtudes, como: la sinceridad, la fortaleza, generosidad, apertura, solidaridad… y muchas más. Sobre todo, los que llevan a mejorar nuestra relación con Dios.

Estos propósitos bien pueden servir para romper la rutina o para darse cuenta de que las capacidades que Dios concede son infinitas. Pueden ser el motor y el por qué levantarte cada mañana.

Aquí te dejamos algunas sugerencias de aquello que puedes hacer para alcanzar tu propósito y seguir mejorando diferentes aspectos de tu vida sin perder lo que ya lograste:

Encuentra tu pasión: Qué es lo que realmente te apasiona en esta vida. Si tuvieras todo el tiempo y el dinero del mundo, sin preocupaciones, a qué te dedicarías, o ¿qué te hace profundamente feliz y le da una gran satisfacción a tu vida? Partiendo de esta primicia, deben observar los momentos que te regala la vida para encontrar lo que buscas, para encontrar ese llamado que sacudirá tu corazón y pondrá al descubierto tu verdadera pasión, lo que te hará levantarte cada mañana.

Encuentra tu talento especial: Es el área de las cosas que se te dan bien hacer, es decir, tus habilidades y capacidades que tienes de manera natural al nacer. Son capacidades que no las dan un curso o un estudio. Son capacidades que despiertan admiración en los demás. Dios ha sido generoso al darnos los talentos.

Encuentra tu misión: en esta área de tu persona estás invitado a descubrir la misión única que tienes que realizar en este mundo. Aquí olvídate de los delirios de grandeza. En esta área pregúntate desde lo que te apasiona, desde los talentos que tienes, ¿qué podría aportarle yo a la humanidad? ¿qué me pide Jesús hacer por Él? Tu propósito en la vida te llenará de satisfacción todos los días a pesar de las dificultades y tormentas.

Encuentra tu sustento: Si encuentras tu propósito, tu vocación, tu misión, no te faltará nada, todo se te irá dando en el camino. Si encuentras tu propósito encontrarás una actividad que te dará lo que necesitas para vivir. Si todavía no lo encuentras o si lo encontraste y lo perdiste pídele al señor con el salmo 126 que te haga volver a Él para ser como los que sueñan, como los que viven y con y por su sueño.

Cada día es una nueva oportunidad para modificar hábitos, para encontrar un propósito a esta vida que es un regalo de Dios, para intentar hacer cambios graduales que no solo te beneficien a ti, sino que trasciendan en tu entorno.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 9 de enero de 2022 No. 1383