Dado que en la Biblia no se recogió toda la obra del Señor, sino que “hay además otras muchas cosas que hizo Jesús; y si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran” (Jn 21, 25), un buen lugar para indagar qué más sucedió con Jesús en los días de su Pascua de Resurrección son la Tradición y las revelaciones privadas, si bien estas últimas no forman parte del depósito de la fe, por la que cada cristiano es libre de aceptarlas o rechazarlas.

A MARÍA SANTÍSIMA

De las posibles apariciones que no recoge la Biblia, la que tuvo su Madre Santísima es la más consistente, revelada en numerosas ocasiones a santos y místicos, aunque igualmente se llega a ella por conclusiones exegéticas.

De esta aparición escribe como un hecho seguro san Juan Crisóstomo en el siglo IV; pero también san Ambrosio, san Paulino de Nola, san Alberto Magno, san Lorenzo de Brindis o san Josemaría Escrivá, por mencionar sólo a unos cuantos.

“Estando así prevenida María Santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los santos y patriarcas. Postrose en tierra la siempre humilde Reina, y adoro a su Hijo Santísimo; y su Majestad la levantó y llegó a sí mismo”, escribe la venerable sor María de Jesús de Ágreda, a quien la propia Virgen le dictó su vida. Y la beata Ana Catalina Emmerick narra algo muy semejante.

Por su parte, santa Teresa de Jesús cuenta: “Díjome entre otras cosas [Cristo] que, en resucitando, había visto a nuestra Señora, (…) y que había estado mucho con Ella”.

Sor María de Jesús de Ágreda coincide en que el encuentro fue prolongado: “Estuvo algunas horas la divina Princesa gozando del ser de Dios con su Hijo Santísimo, participando su gloria como había participado de sus tormentos”.

INDICIOS Y SILENCIO

Pablo VI lanza esta pregunta: “La ausencia de María en el sepulcro [cuando acudieron las Santas Mujeres la madrugada de la Resurrección], ¿no será indicio de la esperanza o de la contemplación de la gloria de Dios en su Hijo ya resucitado?”.

Y Juan Pablo II comenta: “Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su Madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la Resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe”.

Así como María Santísima estuvo junto a Cristo hasta que expiró, y Ella unió el sacrificio de su corazón de Madre al que ofrecía Él mismo sobre la cruz, entonces era justo que las primeras alegrías de la Resurrección fueran para Ella, y no era necesario que se consignaran en los libros sagrados.

La venerable sor María de Jesús señala que en las Sagradas Escrituras se omitió mucho de lo relativo a la Virgen “porque no era para su intento ni convenía escribirlo entonces”.

El de san Pablo y los que siguieron

De los encuentros con Cristo Resucitado mencionados en las Escrituras, el que experimentó san Pablo (Saulo de Tarso) no está enmarcado en el tiempo pascual.

De acuerdo con los historiadores, ocurrió bastante después, entre el año 35 y 36 d.C., cuando Saulo se dedicaba a perseguir, capturar y dar muerte a los cristianos.

“Y sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues?’. Preguntó: ‘¿Quién eres, Señor?’ Y Él respondió: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer’. Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie” (Hechos de los Apóstoles 9, 3-7).

El que esta aparición haya sido recogida en la Biblia da testimonio de que el Señor, aun habiendo subido a los Cielos, igualmente puede seguirse apareciendo. Los encuentros de tantos santos y místicos con el Señor a lo largo de dos milenios son prueba de esto. No sólo se manifiesta como adulto, por ejemplo a santa Margaríta María de Alacoque, sino también con aspecto de niño, como a san Felipe Neri, santa Gemma Galgani, san Antonio, santa Inés de Montepulciano, san Francisco de Asís, santa Faustina Kowalska, etc.

TEMA DE LA SEMANA: «PEQUEÑA CRÓNICA DE LAS APARICIONES»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de abril de 2022 No. 1397

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