Por Rebeca Reynaud

La gran Tradición de la Iglesia es la que procede de los Doce Apóstoles. La Teología Moral deriva de la Teología dogmática, que contempla las verdades de fe. Ahora hay una persecución contra la tradición, a nivel civil y religioso. Hay que sufrir eso con paciencia y humildad. Ahora mismo se ha cancelado a sacerdotes que viven la Tradición de la Iglesia.

Escribe San Pablo: “Hermanos, manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta” (2Tesal, 2,15).

Las raíces de la Tradición son la Sagrada Escritura y la tradición oral. La Tradición escrita está formada por documentos y testimonios. La Tradición en la historia es un legado vivo.

La Tradición es el cauce que, desde el pasado, lo renueva todo.

La Iglesia es llevada por las olas, pero nunca se hunde, Fluctuat nec mergitur. Esta frase atribuida a San Juan Crisósotomo es el lema de París, y está inscrita en su escudo.

Dos frases de Chesterton: A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales. La tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas.

Se puede conjugar la fidelidad a la tradición y la creatividad. Mons Héctor Aguer, obispo emérito de Argentina, explica que pedir a los Obispos que renuncien a los 75 años, es decir, jubilarlos, va contra la Tradición de la Iglesia. Es contrario a la naturaleza del episcopado, que establece una relación cuasi sacramental entre el Obispo y su diócesis. Vemos a San Ignacio de Antioquía gobernar su iglesia avanzado en años. Para él, en la Iglesia particular el Obispo hace las veces de Dios Padre, el presbiterio hace las veces del Colegio de los Apóstoles y de Jesucristo. Allí no cabe la cancelación. Si el Obispo ve que por motivos de salud no debe seguir en el cargo, “se le ruega que presente su renuncia”.

Crisis es un momento crucial, en la sociedad no hay crisis, hay decadencia, dice Mons Héctor. No hay que querer resolver lo que no está en nuestras manos.

Por otra parte, Mons. Isidro Puentes, erudito en Sagradas Escrituras, afirma: Somos personas que aman a la Iglesia, la obra maestra de Jesucristo. A los sacerdotes les toca cuidar, custodiar, defender, favorecer a la Iglesia, celebrando la Santa Misa con fervor, con unción, con enjundia sacerdotal. ¿Qué es la enjundia? La enjundia es la grasa de las gallinas.

La palabra manteca viene del griego, mantiké, mantis significa “magia”, porque se pone a freír algún alimento en esa grasa hirviendo y el alimento se hace sabroso. El sacerdote debe tener una cierta magia que hace de la Misa una obra divina, ¡que ya lo es!, hace que los fieles se conmuevan. En suma, la Santa Misa es como se salva el mundo. El sacerdote se ordena para celebrar el Sacramento del altar. El presbítero hace de la Misa una obra divina, y también para los fieles ya que la Eucaristía transforma a los fieles.

La destrucción de la Iglesia comenzó en el altar, y entonces, su reconstrucción comenzará en el altar.

La reserva eucarística debe estar en el centro del presbiterio, en el altar, pidió el Papa Benedicto XVI. Y si no es así, se muestra debilidad en la fe.

El Tesoro de la Tradición está en la Liturgia y la Liturgia es “regla de fe”. La regla de la fe es la oración, lex orandi, lex credendi y de ella procede la moral de la Iglesia. La Teología Dogmática equivocada se traslada a la Teología Moral. Hemos de creer lo que siempre, en todas partes y por todos se ha orado, se ha creído. Esa es la Lex credendi. En la Tradición de Iglesia está la esencia del sacerdote.

En resumen, de la doctrina de Jesucristo se deriva la moral, y de la moral brota la liturgia.

El sacerdote predica la doctrina de Jesucristo, es decir habla sobre el Credo, los mandamientos, los sacramentos y la oración. Primero es la Tradición, la criatura viva, y luego es la Escritura.

La obra maestra de Dios en el Antiguo Testamento fue la constitución del pueblo de Israel, donde encontramos reyes santos y profetas santos, y un pueblo que Dios hubiera querido que fuese sacerdotal, según el sacerdocio de Aarón. ¡El sacerdocio de Cristo cambia todo! Hay un solo sacerdote, Cristo. El sacerdote es otro Cristo. Eso viene de la Tradición. Las olas suben y bajan a la Iglesia, pero no la sumergen.

Cristo no fundó una lata de conservas, la Tradición está viva. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, que crece. El Obispo es custodio de la Tradición, lo mismo los sacerdotes. El custodio ilumina y defiende, es el ángel guardián de la Tradición.

La Comunión con la Iglesia suponen tres cosas: en primer lugar, unidad en la fe, comunión con los dogmas; segundo, comunión con los mismos sacramentos y tercero, comunión jerárquica.

Dice San Ireneo: ¿para qué sirve conocer la verdad de palabra si se profana el cuerpo y se realizan acciones degradantes? ¿De qué sirve la santidad del cuerpo si la verdad no anida en el alma?

Son pecadores lo que poseen el conocimiento de Dios y no guardan sus mandamientos, es decir, le desprecian.

Puesto que la fe mantiene nuestra salvación, es necesario prestarle mucha atención para lograr una auténtica inteligencia de la realidad.

Los Padres de la Iglesia son los Guardianes de la Tradición. El Magisterio de la Iglesia nos transmite la Tradición y la actualiza, sin prestarse a cambiarla o a criticarla negativamente. Por eso se dice que la Tradición viva es un legado en constante evolución. En suma: La Tradición es lo que la Iglesia ha enseñado durante 2000 años.

Algunos ejemplos de Tradición son la celebración de la Eucaristía, la veneración de los santos, la práctica del ayuno, rezo del Viacrucis y del Rosario, persignarse, etc.

 
Imagen de Paul Henri Degrande en Pixabay


 

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