Por Gilberto Hernández García /

La salud y la enfermedad son experiencias profundamente humanas que involucran a sanos y enfermos, a la familia, a los profesionales, a los voluntarios y a la sociedad en general. Sin embargo, los progresos de la medicina y de la técnica no siempre contribuyen a comprender el complejo mundo del dolor, la enfermedad y la salud y, por tanto, el aprendizaje del arte de cuidar a los enfermos. Por tal razón, la sociedad y la sanidad se deshumanizan, es decir, la salud y la enfermedad pierden su rostro humano, rostro que muchos profesionales desean recuperar; humanizar la salud es una aspiración común.

Esta es la convicción profunda que vive la Orden de los Ministros de los Enfermos, mejor conocidos como religiosos «camilos». La visión que tienen acerca de las personas enfermas y la relación que se da entre éstos y los que los atienden los ha llevado a promover y fundar distintas instituciones e iniciativas para una pastoral de la salud integral.

Difundir la cultura de la vida y la salud

Así es como fundaron el Centro San Camilo (CSC) en Guadalajara, Jalisco, constituido como asociación civil desde junio de 2001, con el objetivo de difundir el significado e importancia de la cultura de la vida y la salud, ofrecer formación humana, ética y técnica a personas y grupos interesados en su propio desarrollo sobre la cultura de la salud integral.

El CSC como institución de formación de agentes de la salud, se inspira en los valores de la antropología cristiana y en la mística del servicio y del cuidado de los enfermos por los santos de la caridad, en particular por su fundador, san Camilo de Lelis.

La institución ofrece una serie de cursos, talleres, jornadas, encuentros sobre un amplio abanico de temas, con el fin de promover una práctica de la salud y la asistencia que integre todas las dimensiones de la persona y responda a sus exigencias más apremiantes; además, incorpora las habilidades y técnicas de la relación terapéutica y de la humanización al ejercicio de las profesiones de ayuda y, por tanto, a la gestión de la salud.

Colaboración cristiana

Una de sus prioridades es prestar atención a las personas, sectores y situaciones de especial vulnerabilidad social, donde la atención humana y humanizadora es más urgente.

Según los propios religiosos, el CSC no pretende sustituir a otras organizaciones formativas, sólo ofrecer su contribución específica en todo lo que pertenece a la salud integral. Actúa en colaboración con la Comisión Diocesana de la Pastoral de la Salud, con el Centro Madre Teresa de Calcuta A.C. y con otros organismos e instituciones, como universidades, asociaciones profesionales, instituciones para la salud y la asistencia, escuelas y centros de pastoral, congregaciones religiosas y grupos o asociaciones de voluntariado, entre otros.

El Centro cuenta con un grupo de maestros especializados en diferentes disciplinas: medicina, psicología, enfermería, rehabilitación, bioética, geriatría, pedagogía, sociología, teología, entre otras.

Diversidad de obras

En la misma ciudad de Guadalajara los camilos atienden, con un buen número de voluntarios laicos, el albergue San Camilo para familiares de enfermos hospitalizados, dispensarios médicos en algunas parroquias de la ciudad, un grupo de ministros extraordinarios de la Comunión que están al servicio de los enfermos en hospitales públicos, un grupo de voluntariado para el cuidado del enfermo crónico y terminal que los visita en sus domicilios y capacita a los familiares para su cuidado; el Centro de Escucha, constituido por voluntarios y profesionistas que dedican parte de su tiempo, de manera gratuita, para escuchar, asesorar, orientar y acompañar a personas que viven una situación de sufrimiento, ya sea por duelo o crisis y van buscando un oído atento y tierno y piden asesoría.

Caridad y ternura, raíces de la Orden

La Orden de los Ministros de los Enfermos fue fundada en 1584 por Camilo de Lelis, quien tuvo la inspiración de crear una «compañía» de hombres que por amor a Dios sirviesen a los enfermos con la caridad y ternura que suelen tener las madres con sus propios hijos enfermos. Pronto la Orden se extendió por Europa y el Nuevo Mundo.

A México llegaron los primeros camilos alrededor de 1756, donde se les conocía como Padres Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos Agonizantes o padres de la Buena Muerte.

Actualmente la Orden está constituida por unos mil religiosos, repartidos en 35 países, incluyendo sacerdotes y hermanos, dedicados a las personas con enfermedades o necesidades físicas, mentales, sociales y espirituales.