Por Leo García-Ayala |

«Si no se lo que voy a hacer esta tarde, ¿cómo quieren que sepa qué voy a hacer con mi vida?» dijo con notable enfado Abraham al relatarnos la enésima pelea que había tenido con sus padres, porque ellos sencillamente «no le ven futuro». Este joven es compañero de clase y la verdad le cuesta trabajo saber qué es lo que quiere de la vida. Y lo refleja cada vez que tiene oportunidad o sin ella.

Nuestro asesor de pastoral juvenil nos ha dicho que la etapa de la juventud, particularmente los primeros años de ésta, es un momento clave, decisivo, en el que estamos configurando el resto de nuestra vida.

«Es un tiempo de opciones y de definición de vocaciones. Es un camino abierto, donde queda la posibilidad de ensayar y de errar. Es un tiempo de valoración de lo subjetivo, los sentimientos y la capacidad de actuación moral. Es un tiempo para configurarse como persona, con derechos y deberes dentro del mundo adulto». Así lo dijo el asesor.

Un proyecto a construir

«¿Qué es eso del sentido de la vida?» Le preguntamos al sacerdote que nos acompaña en el grupo juvenil. «Entendemos el sentido de vida como el significado concreto que le da cada individuo en un momento dado a su vida», respondió.

Después nos explicó que para el psicólogo humanista Víctor Frankl, el sentido de la vida es más poderoso que el sentido del placer, como postulaba Sigmund Freud, o el sentido de superación  que dice Alfred Adler. Y nos comentó que según Frankl, una de las enfermedades del ser humano de hoy es el «vacío existencial», lo cual sucede cuando una persona está vacía de sentido de vida, no tiene un «por qué y para qué» vivir, un propósito, un significado, una misión.

Es desconcertante que en el mundo existen jóvenes que se suicidan por no tener oportunidades en la vida, mientras que otros jóvenes también se suicidan por tenerlo «todo», pero carecer de sentido de vida.

Estrategias para darle sentido a la vida

Cuando cuestionamos a nuestro asesor sobre cómo podríamos tener pistas para elaborar nuestro propio proyecto de vida, cómo darle sentido a la vida, nos proporcionó un material que contiene tres estrategias. Aquí lo comparto:

1ª estrategia: elaborar el “sentido de vida” unido al “sentido del otro”; en el primero se refuerza la singularidad de cada uno, mientras con el segundo, la solidaridad. Es nuestra tarea descubrir y demostrar a los demás lo mucho que podemos ayudar a otros. Los jóvenes somos sensibles y nos identificamos con grupos que luchan por causas sociales junto a grupos y organizaciones que buscan construir un mundo mejor, promoviendo los Derechos Humanos, la ecología, la erradicación de la pobreza, la cimentación de la paz, etc.

2ª estrategia: facilitar a los jóvenes espacios para vivir experiencias que transformen positivamente sus conciencias. La sociedad capitalista busca que las experiencias se vivan como algo que se consume: escalar, andar en moto a grandes velocidades, viajar, aventarse en el bungee o de un paracaídas, deportes extremos, etc. Debemos descubrir y ayudar a que se descubran que las experiencias no son “consumirse” sino para que se construya mejor el sentido de vida, por ejemplo: experiencias de estar en contacto con la naturaleza, de sensibilizarse ante el dolor de otros, jornadas de ayuda solidaria, etc.

3ª estrategia: el espacio primordial donde los jóvenes comienzan a elaborar su sentido de vida es indudablemente la familia, pero no es suficiente. Sabemos también que la escuela y el grupo de amigos nos impulsa a elaborarlos de determinada manera. El reto será facilitar espacios alternativos como los scouts, misiones, jornadas de apoyo solidario, grupos de oración, parroquiales, etc., en los que los jóvenes podamos vivir experiencias que transformen y ayuden a que el sentido de vida y trascendencia esté unido al sentido del otro.

Ya lo decía el recordado Juan Pablo II: «el problema esencial de la juventud es profundamente personal. La juventud es el período de la personalización de la vida humana. Es también el período de la comunión. Los jóvenes, sean chicos o chicas, saben que tienen que vivir para los demás y con los demás, saben que su vida tiene sentido en la medida en que se hace don gratuito para el prójimo».