AGENDA INTERNACIONAL | Georg EICKHOFF |

México, Colombia, Brasil, Paraguay, Costa Rica y también Venezuela celebran elecciones presidenciales en este año 2018. Las elecciones en Venezuela no son tales, porque Venezuela se ha transformado en una dictadura. En Cuba también se celebran „elecciones“, y en abril se espera el cambio de guardia después del anunciado retiro de Raúl Castro. El venezolano Nicolás Maduro, sin embargo, usa la elección amañada para quedarse en el poder.

Quien convocó las elecciones no fue el ente electoral que en Venezuela se llama Consejo Nacional Electoral el cual está bajo el control total y arbitrario del gobierno. Fue la llamada “Asamblea Nacional Constituyente” electa en comicios fraudulentos y no previstos en la Constitución, el pasado 30 de julio.

Esta asamblea compuesta exclusivamente por chavistas se atribuye poderes máximos superiores a la Constitución. Este hecho es lo que convierte Venezuela en dictadura o más bien en tiranía si entendemos por tiranía la ausencia de reglas para el ejercicio del poder. (Los dictadores siguen todavía algunas reglas.)

El actual tirano Nicolás Maduro ya ha empezado su campaña. La televisión estatal ha transmitido completo su acto de arranque. La oposición no tiene acceso a ninguna televisión. Hace años que el último canal televisivo libre (Globovisión) fue comprado por un testaferro del gobierno.

Para completar el cuadro dictatorial o tiránico, el Tribunal Supremo de Justicia acaba de ilegalizar el partido más votado de la historia de Venezuela, la alianza opositora „Mesa de Unidad Democrática“. (El autor de estas líneas tuvo el honor de presenciar la creación de la „MUD“ en marzo del año 2009 en Altamira, Caracas.)

La paradoja es que 14 países latinoamericanos, entre ellos México, el llamado „Grupo de Lima“, ya han fijado posición de que no van a reconocer los resultados de esta elección fraudulenta. Pero en Venezuela hay remanentes de la „Mesa de Unidad“ que quieren participar en estas elecciones y hasta quieren celebrar elecciones primarias para decidir el candidato.

Mientras tanto, se consolidan otros grupos opositores, algunos de ellos apoyados en los venezolanos en el exilio cuyo número ya ha pasado largamente el 10% de toda la ciudadanía venezolana (30 millones). Muchos de ellos han dado la espalda a la „Mesa de Unidad“ por considerarla una herramienta política del gobierno. Rechazan las negociaciones entre el gobierno y la „MUD“ de las cuales México era un facilitador, pero se retiró precisamente luego del anuncio de las elecciones fraudulentas.