Por Diana R. García B.

Éstas son palabras de Jesucristo: «Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lucas 11, 28).

Por eso deberíamos estar agradecidos de que la Biblia, Palabra de Dios escrita, pueda estar hoy prácticamente al alcance de todos, pues ha sido traducida a más de 600 idiomas, y con algo de esfuerzo casi cualquiera puede comprar una.

Pero aunque esto no fuera posible, o incluso si alguien no sabe leer, no por eso queda aislado de la Biblia: basta con que participe en la Santa Misa para encontrarse totalmente arropado por las Sagradas Escrituras, pues es la fuente de las lecturas y toda la liturgia.

El problema es que muchos católicos nunca se dieron cuenta de esto —desgraciadamente nadie les enseñó—, por eso abandonaron la Iglesia y se fueron a las sectas protestantes «porque en ellas sí se usa la Biblia».

Habrá quienes se consuelen con el pensamiento de que esos que se han marchado al menos se quedaron con la Biblia.  ¿Pero qué es lo que en realidad se pierde cuando  la Biblia es separada de la Iglesia?

Explica Dale Ahlquist, presidente de la American Chesterton Society, y presentador de una serie televisiva en EWTN:

«Hace cinco siglos, Martín Lutero y luego Juan Calvino y los demás líderes de lo que se conoce como la Reforma (…) reemplazaron la autoridad de la Iglesia por la autoridad de la Escritura. Y no sólo separaron la Biblia de la Iglesia, sino que también excluyeron a la Iglesia, y separaron la fe de la razón, en detrimento de la razón.

«Y vino la confusión. Los protestantes comenzaron a creer que algunas enseñanzas católicas no eran ‘bíblicas’ y, consecuentemente, se privaron ellos mismos de los sacramentos. El Bautismo y la Comunión se convirtieron en meros símbolos, desprovistos de su poder sobrenatural. Ya no había necesidad de Confesión, porque la salvación vino a través de un acto de gracia en la Cruz, y Cristo fue bajado de la Cruz, para que no nos detengamos ante ese desagradable episodio (…). El Matrimonio entre hombre y mujer perdió su elemento divino, y posteriormente el sexo se separó del matrimonio, y la familia comenzó a disolverse (…).

«Los protestantes, al separar la Biblia de la Iglesia, volvieron la Biblia contra la Iglesia. Se olvidó el hecho de que fue la Iglesia la que nos dio la Biblia. Se olvidó el hecho de que la Biblia era, y sigue siendo, un documento católico. También se olvidó que la Biblia protestante era una reducción de la
Biblia católica».

La Iglesia, dice Chesterton, «ha sido acusada de ocultar la Biblia; pero si fuera cierto, sería un logro menos asombroso que el de la Reforma, que consiguió esconder todo lo demás».

En resumen, para acceder a la Biblia completa, y para entender lo que de verdad enseña la Biblia, hay que hacerlo al amparo de la Iglesia católica.

Por qué leer las Escrituras (Frases)

«Erráis ignorando las Escrituras». Jesucristo (Mt 22, 29)

«Leed con mayor empeño el Evangelio que nos ha sido transmitido por los Apóstoles». San Ireneo, siglo II

«El cristiano que tiene fe se dedica a la lectura de las Sagradas Escrituras». San Cipriano, siglo III

«Cuanto más familiares llegan a sernos las Escrituras, más se revela el tesoro que esconden». San Juan Crisóstomo, siglo IV

«No deje nuestra alma de dedicarse a la lectura de las Letras Sagradas, a la meditación y a la oración, para que la Palabra de Aquel que está presente sea siempre eficaz en nosotros».  San Ambrosio, siglo IV

«Cultivemos nuestra inteligencia mediante la lectura de los Libros Santos: que nuestra alma encuentre allí su alimento de cada día». San Jerónimo, siglo V

«Te ruego que te dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados, en los cuales creemos encontrar la vida eterna». San Beda, siglo VIII

«Tenemos necesidad de leer la Sagrada Escritura, puesto que por ella aprendemos lo que debemos hacer y lo que hay que dejar» San Bernardo, siglo XII

La Iglesia siempre ha dicho «lean la Biblia» (frases)

«Vosotros, amados, sabéis bien las Sagradas Escrituras; tenéis un profundo conocimiento de la Palabra de Dios. Guardadlas para acordaros de ellas». Papa san Clemente, siglo I

«Habíendote enviado el Emperador del Cielo y el Señor de los hombres y de los ángeles sus cartas, en las que se trata de tu propia vida, ¿cómo te descuidas de leerlas y no manifiestas ardor y prontitud en saber lo que en ellas se contiene?». Papa san Gregorio Magno, siglo VII

«Exhorta a los fieles al descanso dominical para que el cristiano pueda dedicarse a la oración y ocuparse de la Sagrada Escritura»  Papa san Nicolás, siglo IX

«Procurad … fomentar el común deseo de leer el Evangelio…Esto servirá también para acabar con la opinión de que la Iglesia ve con disgusto o trata de poner impedimentos a la lectura de la Sagrada Escritura en lengua vulgar». Papa san Pío X, 1907

«Favorezcan… asociaciones que tengan por fin editar y difundir, entre los fieles, ejemplares impresos de las Sagradas Escrituras… Procuren que en las familias cristianas se tenga ordenada y santamente cotidiana lectura de ellas». Papa Pío XII, 1943

TEMA DE LA SEMANA: CÓMO LLEGÓ LA BIBLIA HASTA NOSOTROS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de septiembre de 2018 No.1208