Por Jaime Septién

Siempre he guardado cariño por la figura de Morelos. Junto con Hidalgo –con todas las contradicciones que la condición humana acarrea— he visto en ambos una doble vertiente que nos interesa explorar en este y el próximo número de El Observador: el amor a la Patria junto con la religión católica.

Desde la Constitución de 1857, claramente desde la de 1917, se ha tratado de distanciar ambos «amores»: o se es patriota o se es católico. Un experimento que ha dado al traste con la nación. Desde el punto de vista moral y, también, político, económico y cultural.

Hoy, dentro de las propuestas del equipo del presidente electo, se habla de una «Constitución moral», clave de la «Cuarta Transformación» que experimentará el país a partir del 1 de diciembre. ¿Qué será esa «Constitución Moral»? No lo sé. Lo que sí es mi deber señalar es que la verdadera Constitución Moral de México la redactó y publicó Morelos en Chilpancingo, el mes de septiembre de 1813.

En «Los Sentimientos de la Nación», el cura de Carácuaro pone de manifiesto que ser mexicano es tanto como ser propiamente católico. Es decir, universal, abierto, incluyente y solidario. Su fe lo había lanzado a luchar con Guadalupe como patrona de nuestra libertad. Quien se tome la molestia de leer el texto de Morelos, sabrá que ahí está el tesoro moral de la Patria.

Si estamos en bancarrota, hundidos en la corrupción, la violencia y la miseria, es por haber hecho caso a los apóstoles del enfrentamiento. A los líderes del «divide y vencerás». Ellos vencieron: nosotros perdimos. Pero hay esperanza. Siempre hay esperanza en quien tiene fe. Como Morelos la tuvo en Dios, en Guadalupe y en México.

*Esta es la última «Ventana Abierta».  El próximo número, El Observador tendrá nuevo formato. Mil gracias. Nos vemos en la página 2, si Dios quiere.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de septiembre de 2018 No.1209