Por Mónica Olvera

A través de múltiples películas, imágenes, canciones, publicidad, se nos ha repetido una y otra vez el eslogan: “escucha tu corazón”, que quiere decirnos: “si sigues tu corazón, no te equivocarás”. Tanto se nos ha dicho que se ha vuelto una creencia universal que pocos cuestionan. ¿Realmente es lo más sabio y prudente seguir este mandato?

Veamos la experiencia. ¿Qué nos pueden decir aquellos que se han dejado llevar siempre por lo que su corazón les decía?, ¿en todos los casos y circunstancias, esto es infalible? Vemos personas que su corazón les dictaba: “deja a tu esposo, vete con tu amante y serás feliz”, y después se han dado de topes al haber roto el corazón de su pareja. Otros, por fracasos anteriores en el amor, han sentido su corazón atemorizado y no dan pie a una relación estable.

Unos y otros, dejan que la guía de su barca sea la veleta del corazón, con sus sentimientos y pasiones que van y vienen en direcciones muchas veces contrarias. Esto es más típico en la mujer, un día sentimos mariposas por alguien y al día siguiente no. Sin embargo, no es lo más inteligente tomar como base de nuestras elecciones lo que sentimos minuto a minuto, pues un día daremos la vida por él y al otro querremos borrarlo de nuestra vista.

Esto de seguir siempre tu corazón es bastante arriesgado, como puedes atinarle y tomar una opción adecuada, puedes regarla y muy feo. Escuchar tu corazón se presenta como una solución rápida y fácil al problema de decidir en el instante. Hoy en día queremos todo rápido y sin demora, somos poco pacientes y es fácil irse tras lo que en el momento se ve cómodo y atractivo. El problema es que el corazón es como un miope que no ve las consecuencias más allá. Puede ser que en el momento obtengamos una satisfacción o nos libremos de algo, pero no olvidemos que todo cobra factura.

Al tratarse de nuestra vida, la cual es sólo una, vale la pena tomarse el tiempo para ponderar las alternativas que nos lleven a resolver lo mejor posible un asunto, aceptando que la felicidad no excluye algunas notas de dolor o sacrificio. Por tanto, no se trata de hacer a un lado al corazón, sino de que éste termine escuchando y abrazando lo que el cerebro iluminado por Dios en la oración, le marca como el sendero que conduce a la verdadera felicidad y paz.

Mónica Olvera es licenciada en Educación y Desarrollo con un diplomado de Teología del Amor, especialista en el Creighton Model System, da pláticas prematrimoniales.

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