Por Luis Antonio Hernández

El futuro de cualquier nación y la prosperidad de los países dependen no solo de su situación económica, sino del estado general de la sociedad, la situación demográfica y la necesidad de proteger la institución familiar, aseguró Igor Dodón, Presidente de la República de Moldovia, en el marco del 12 Congreso Mundial de las Familias.

En la actualidad factores como los índices de crecimiento poblacional o las tendencias de decremento de la misma, el número de miembros en los núcleos familiares y las condiciones que éstos tienen a su alcance para la crianza de los niños, son temas que lamentablemente los gobiernos contemporáneos desestiman.

En México, al igual que en cualquier otra sociedad, la familia es la institución cultural más importante para la población pues en ella recaen los aspectos más relevantes de la vida de las personas.

Una muestra de ello es que, de acuerdo con la encuesta nacional de valores 2010, el 73% de los entrevistados consideraron a la familia como la organización más importante de su existencia, y en el caso de los jóvenes como la entidad que más confianza les proporciona.

A pesar de estos indicadores, durante los últimos años la dinámica política y social en nuestro país, como en otras partes del mundo, se ha caracterizado por un continuo debilitamiento de las estructuras familiares tradicionales.

Muestra de ello es el nulo impulso que el actual gobierno federal dio a las festividades del día de la familia, una celebración que se había convertido en una de las festividades sociales más representativas de la época moderna, así como los múltiples intentos de algunos legisladores y partidos políticos para promover figuras alternativas que en el fondo buscan debilitar los valores y la unidad de la sociedad mexicana.

A lo largo de las últimas semanas hemos conocido propuestas que anticipan tiempos aún más difíciles para la institución familiar.

Además de hacer frente a las ofensivas para imponer nuevos modelos de convivencia, las familias y sus integrantes eventualmente enfrentarán situaciones que podrían contribuir a su desarticulación, como las propuestas del Presidente Electo, para descentralizar la mayoría de las oficinas públicas históricamente situadas en la capital de la república, y su intención manifiesta de ampliar la jornada laboral de un importante número de empleados públicos de lunes a sábado, idea esta última que, de concretarse, necesariamente impactará en otras actividades económicas, reduciendo así los tiempos de convivencia familiar que en las últimas décadas se habían alcanzado.

Frente a las tendencias mundiales que apuestan al individualismo, es indispensable que nuestros gobernantes asimilen que la solución a la mayoría de los problemas sociales que nos afectan como nación pasa por la promoción de medidas concretas y la instrumentación de una sólida política familiar de estado que permita fortalecer y revalorar a la familia, como el núcleo privilegiado dónde se transmiten la vida, los valores, al mismo tiempo que se siembra la semilla de una nueva sociedad.

La familia constituye hoy en día la esperanza, el futuro de la cultura y el mundo contemporáneo.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 7 de octubre de 2018 No.1213