El pastor esquila las ovejas, no las devora. Suetonio

Por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

Participé, en el marco del deceso del laureado Premio Cervantes de Literatura 2015, el novelista Fernando del Paso, acaecido este 15 de noviembre del año en curso 2018 en la capital de Jalisco, del homenaje luctuoso de cuerpo presente que le ofreció la plana mayor de la Universidad de Guadalajara, que hace un cuarto de siglo, en 1992, le brindó la ocasión de vivir a sus expensas en esta ciudad asignándole el cargo vitalicio de director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, inaugurada poco antes, el año anterior, con motivo de la primera Cumbre Iberoamericana.

Me extrañó no escuchar entre los discursos ahí pronunciados la peculiar circunstancia de coincidir ese acto con la apertura, en La Antigua Guatemala, bajo el lema «Una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible», de la XXVI Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de ese tipo, en la que quienes encabezan Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Uruguay, Nicaragua y Venezuela, países estos últimos afectados por la acefalia institucional que protagonizan en ellos Nicolás Maduro y Daniel Ortega al grado de causar desastres humanitarios tan graves como son cuatro millones de venezolanos que han abandonado su patria en pos de mejores condiciones de vida en el extranjero.

El mismo día tuvo lugar la clausura de la CVI Asamblea General del Episcopado Mexicano, ahora bajo la presidencia del arzobispo de Monterrey, don Rogelio Cabrera López.

En su Mensaje al Pueblo de Dios este Colegio expuso su voluntad de involucrarse en la consolidación del Estado de derecho desde el respeto integral a la dignidad humana cultivada en la libertad, la verdad, la justicia y la paz, y cuyo fruto son «mejores formas de justicia social y desarrollo humano integral», indispensables para conjurar «las causas que originan los escenarios de miseria y violencia en el suelo nacional».

Reiterando su «apoyo a las manifestaciones civiles a favor de la cultura del respeto por la vida, desde su concepción hasta su fin natural, y en defensa de la familia», subrayaron que las mismas deben sustentarse en «el respeto y la fraternidad en el marco de un sano pluralismo».

A diferencia de los Jefes de Estado aquí aludidos, los mitrados mexicanos no esquivaron referirse al drama que en estos momentos son los «miles de hermanos migrantes centroamericanos que han sido desplazados por distintas circunstancias hacia los Estados Unidos de Norteamérica». Ante ellos, dijeron, sólo cabe la acogida, la protección y la promoción y su integración en el tejido social.

Concluye el Mensaje de los obispos externando preocupación por la «inseguridad, desempleo y pobreza en nuestro país, así como las causas que originan estos males», ratificando su «compromiso y colaboración por la construcción del bien común».

Uno las tres noticias aquí reseñadas con la vicisitud de haber sido legado de la primera de esas cumbres cuando la biblioteca aludida, que se instaló en el monumental y antiguo templo jesuítico de Santo Tomás de Aquino de Guadalajara, secularizado en tiempos anticlericales, pero del que antes salieron al noroeste y norte de México y de las Californias los civilizadores Eusebio Francisco Kino y Juan María Salvatierra, que allí fue sepultado hace 300 años.

La construcción de una cultura iberoamericana no debe tenerla más la economía, sino los valores evangélicos que la produjeron, sustentados en el respeto integral a todas las formas de vida y la educación humanista y humanitarista que tanto nos falta.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de noviembre de 2018 No.1220