Por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

“La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”. Jorge Luis Borges

Las evidencias tangibles de los centros ceremoniales de Mesoamérica agrupados en sus cinco áreas: la del Altiplano central, la Maya, la de Oaxaca, la de la Costa del Golfo y la de las culturas de Occidente–, nos merecen especial atención.

Comenzamos aquí con los del altiplano central en el lapso denominado por los estudiosos ‘horizonte preclásico’, y que va del 2500 a. C., al 200 d. C., sirviéndole de base la producción de cerámica hasta la ruina de Cuicuilco, hoy al sur de la Ciudad de México.

Se trata, por su antigüedad y relevancia, de la perla negra de la arqueología mesoamericana. 600 años antes de Cristo ya se había labrado su primer basamento de piedra, siendo por ello el pionero y decano entre sus congéneres estudiados hasta el día de hoy. Se trata de una pirámide troncocónica de 4 cuerpos escalonados y unidos por tramos de escaleras y rampas. La erupción del volcán Xitle, 400 años después de la primera de las fechas señaladas arrasó con esta cultura, dejándonos en contraparte evidencias notabilísimas para conocer el nivel de vida de quienes vivieron allí hace más de dos mil años.

Le sigue el centro ceremonial de Totimehuacán, en Puebla, que data también del siglo VI a.C. A quienes se establecieron allí se les denomina tepalcayos no porque hubieran usado jamás ese nombre, sino por una zona arqueológica que así se denomina. Las muestras de su cerámica les emparenta con las culturas de Monte Albán y de Guatemala y las evidencias de su entorno nos permiten saber que hacia el siglo II a.C. sostenían una organización social teocrática y contaban con un sistema de irrigación avanzado.

El sitio de Cholula se trazó hace 1300 años luego que una avanzadillas de olmecas-xicalancas fue tomando el control de la comarca antes dominada por las culturas antiguas del Valle de Puebla, principalmente los tepalcayos. Caída que fue Cholula, estos olmecas-xicalancas sostuvieron su hegemonía hasta el año 1174, en el que fueron aplastados por los toltecas-chichimecas y sus aliados totomihuacas, que tomaron por capital el cerro del Chiquihuite para nosotros y para ellos el de Totimehuacan (lugar de pájaros), dejándonos un centro ceremonial que consta de plataformas troncopiramidales escalonadas hasta de 150 metros de largo y túneles para conectar con cámaras subterráneas.

Relevante a todo lo dicho es el vínculo que articulará los señoríos de Cholula, Totimehuacan, Tlaxcala y Cuautinchan en una zona franca o Cuetlaxcoupan, que mucho después servirá de sitio para fundar la Puebla de los Ángeles.

Los mexicas aplastaron la hegemonía de estos aliados en el año de 1486, obligándoles a pagar tributo. Fue así como concluyó una era para dar comienzo a otra, la postrera respecto a los antiguos ocupantes del macizo continental americano.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de noviembre de 2022 No. 1428

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