Por Luis Fernando Valdés

Después de siglos de desencuentros entre los científicos y la religión católica, el Papa Francisco propone un nuevo esquema de cooperación entre los dos ámbitos, para el cuidado del planeta y el desarrollo de la sociedad.

1 Un nuevo modelo de diálogo

Aunque es muy conocido el Caso Galileo, quizá pocos saben que la Santa Sede cuenta con una institución para fomentar el diálogo con los científicos: la Academia Pontificia de las Ciencias, que tiene entre sus miembros a varios ganadores del Premio Nobel.

Durante la Asamblea plenaria de este año (el 12 nov.) el Papa dirigió un histórico mensaje a la comunidad científica, en el que propuso un paradigma de cooperación social como modelo de relación entre las ciencias y la religión.

Francisco explicó que el mundo de la ciencia, que antes tenía «actitudes de desconfianza hacia los valores espirituales y religiosos», hoy día ha cobrado consciencia de ser parte de la sociedad, y por eso le recordó que está llamado «a servir a la familia humana y su desarrollo integral».

2 Un panorama enorme para la ciencia

Francisco, un Papa muy sensible a los problemas sociales que hacen sufrir a los pueblos, propuso a la comunidad científica algunos temas para servir mejor a la sociedad.

Las situaciones más urgentes son la «inmensa crisis del cambio climático en curso» y la amenaza nuclear, junto con «salvaguardar la salud del planeta y de las poblaciones», ya que la salud que está en peligro «por todas las actividades humanas que utilizan combustibles fósiles y la deforestación del planeta».

Ante este amplio horizonte, el Papa les recordó a los académicos que tienen como vocación «identificar avances innovadores en todas las disciplinas principales de la ciencia de base y reconocer las fronteras entre los diversos sectores científicos, en particular en física, astronomía, biología, genética y química».

3 Compartir el conocimiento con los países en desarrollo

Con una frase de Pablo VI, el Papa Francisco pidió a los científicos que vivan la «caridad del conocimiento», es decir, que compartan con los pueblos menos desarrollados los logros científicos «en materia de nutrición, salud, educación, conectividad, bienestar y paz».

Francisco les pidió, a nombre de esos pueblos, que su «investigación pueda beneficiar a todos», para que los países sean «alimentados, saciados la sed, curados y educados»; y también exhortó a políticos y economistas a que atiendan las indicaciones de la ciencia para proceder con mayor certeza hacia el bien común, en beneficio especialmente de los pobres y necesitados, y hacia el respeto al planeta.

Epílogo

El Papa Francisco ha convertido las crisis sociales en el «lugar de encuentro» por excelencia. Así como ha fomentado que las religiones trabajen juntas en la ayuda a los pobres y a los migrantes, ahora el Pontífice propone que la relación de las ciencias con la religión se base no sólo en el diálogo académico, sino también en la ayuda para buscar soluciones a los problemas sociales. Trabajar juntos por los más necesitados es un novedoso y excelente modelo de diálogo.

www.columnafeyrazon.blogspot.com

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de noviembre de 2018 No.1220